José Luis
EXTRADICIÓN
¡Otra vez los brondarios! No tuvieron
bastante con Alex. Aquel pobre muchacho acusado de terrorismo que en verdad era
pobre, disidente y homosexual. Escapó de allí buscando oportunidades y lo
denunciaron para llevárselo. Ahora pretendían utilizar el mismo “modus
operandi” que con él. Por lo visto, como les funcionó con el muchacho, querían
utilizándolo con Piotr.
A Alex se lo llevaron en un avión brondario.
Lo esposaron en la escalerilla. Luego el avión no salió enseguida porque había
una bomba en la maleta de Alex. Yo ví como cerraba la maleta y tengo claro que
quienes pusieron la bomba eran los mismos que le esposaron. Oficialmente al
aterrizar en Brondaria Alex trato de escapar y fue abatido a tiros,
evidentemente por la espalda. Posteriormente me enteré que su pecado fue haber mantenido
relaciones sexuales con el hijo de un dirigente político.
Me había quejado a mis superiores que no
podía ir a por Piotr, que le pasaría lo mismo. Pero la respuesta fue que
tenemos unos tratados de extradición que hay que cumplir. Que no era nuestra
misión juzgar, que para eso ya está el juez.
Me quemaba la sangre. Me había metido en la
policía para proteger inocentes, no para llevarlos al matadero. Volví a leer
con detenimiento la denuncia. Estos brondarios debían tener un equipo de espías
instalados en España. Amablemente nos habían indicado donde vivía y que tenía
previsto volar en 10 días a Zúrich. O sea que lo detuviéramos prontito para que
no se fugara y para ello nos decían dónde ir. Lo estarían vigilando hacía
tiempo.
Se le acusaba de haber pagado a dos
vagabundos para asesinar a un empresario de su país. Lo había matado en su
misma empresa donde una cámara de seguridad lo había grabado. A los vagabundos
ya los tenían detenidos. Decían tener las transferencias que Piotr había hecho
para pagarles.
Me puse a estudiar a Piotr. Debía tener
cincuenta años. Era un empresario del mundo inmobiliario con más de veinte
trabajadores en la empresa. Había venido a España hacía 11 años y le había ido
bien. Piotr ya venía con dinero y sabía dónde se metía.
Gracias a la inagotable fuente de información
que es Internet me enteré que Piotr apoyaba los movimientos disidentes desde
España. Este apoyo económico era algo que no soportaban los dirigentes
políticos de su país. A ellos les habría sido muy fácil saber su número de
cuenta bancaria y preparar una acusación falsa.
Piotr no era Alex. Este podría pagar un abogado que lo defendiera, pero
me temía que no tendría tiempo de preparar su defensa. Quizá habría otro
intento de fuga al bajar del avión.
Me estaba calentando la cabeza hasta que se
me ocurrió hacer algo. Una sonrisa inundó mi cara y no me la podía quitar. Me
iba a encargar que Piotr no muriera accidental o incidentalmente.
Me puse a investigar en varios frentes y
descubrí que tenía los medios a mi alcance para facilitarle una vía de escape.
Eso sí, tenía claro que ninguno de esos medios sería autorizado por mis
superiores.
Al día siguiente a última hora de la tarde
disfrazado de repartidor de correo me fui en una scooter a su casa. Un
apartamento en una bonita calle del madrileño barrio de Salamanca. Debían irle
bien los negocios. Ese apartamento debía valer un buen pellizco.
Me recibió un portero uniformado y le dije
que llevaba tres paquetes para los pisos 7º, 4ºy 3º. Me informó que debía
avisar que subía a entregarlos. Le enseñé mi placa y le indiqué que sólo
avisase al 7º. Subí a ese piso donde Piotr me esperaba con la puerta abierta.
Le entregué un paquete y al verlo exclamo extrañado:
-¿De la embajada norteamericana?
-Eso parece
Le pedí que me diera su número de DNI o de
pasaporte, que me dijo de carrerilla, y que me firmara el recibí. Lo que le
entregué para firmar era una hoja en la que estaba escrito con letras bastante
grandes:
Soy policía. No
hable. Lea el contenido del documento donde no puedan espiarle desde la calle.
Le espero en la planta 4ª cuando lo haya leído con su juego completo de llaves
de casa y sin aparatos electrónicos consigo.
Ante su cara de sorpresa me abrí el chaleco
de motorista repartidor y le hice ver mi placa.
No tuve que esperar ni 5 minutos. El texto
del documento que le entregué le explicaba la situación en la que se
encontraba, lo que le había pasado a Alex y que pretendía ayudarle.
-¿Cómo puede ayudarme? Yo no
pagué para asesinar a otro empresario que ayudaba a la disidencia.
-Lo primero es detectar si le
están espiando dentro de su casa. Para ello volveré a las 11 de la noche. A esa
hora usted desconectará la luz de su casa. Entraré con la llave del patio que
me va a entregar ahora. Vendré con los elementos de detección adecuados.
-¿Cree que me están vigilando?
¿Por qué?
-Eso lo sabrá usted mejor que
yo. Posiblemente por apoyar económicamente a la disidencia política de su país.
-¿Qué puedo hacer? Sólo sé que
necesito ayuda.
-Estoy
aquí para ayudarle y Ahora tiene que ser disciplinado. En primer lugar, por si
le están grabando en su casa, no mencionará la palabra “policía” en ningún
momento a partir de ahora. En segundo lugar yo no he venido aquí ni tampoco lo
haré esta noche. Usted no ha hablado con ningún policía.
Le conté someramente mis planes y le pregunté
por el personal de su empresa. Quería ver el grado de colaboración de sus
trabajadores y descartar la posibilidad que tuviera allí al espía. Sólo tenía
una trabajadora de origen brondario y era también una antigua disidente que
había huido del país. Le emplacé para los detalles a esa misma noche.
Piotr me esperaba con la puerta abierta de su
casa en medio de una oscuridad casi total. Había bajado las persianas del
apartamento casi a tope. No nos dirigimos la palabra mientras revisé todo el
apartamento. Le había pedido que quitase la luz ya que sería mucho más fácil
detectar los elementos electrónicos que funcionasen sin estar conectados a la
corriente. Luego dio la luz y revisamos el resto. Pude comprobar que sólo le
había puesto un elemento de detección. Lo llevaba en su teléfono móvil. Volví a
escribir en un papel que me acompañara a la 4ª planta y sin el teléfono móvil.
Ya en la 4ª planta, donde podríamos hablar
sin que ningún posible espía pudiera oírnos.
-Piotr ¿Has llevado a reparar tu
móvil recientemente?
-Me fallaba bastante en casa y
como han abierto ahí bajo una tienda de la misma marca lo llevé. Me era muy
cómodo.
-Tú mismo les entregaste tu
móvil para que pusieran su micro. Si te fallaba en casa era porque te estaría
enfocando con un inhibidor de señal.
- ¿Me cuentas cual va a ser el
procedimiento?
-Antes que vengamos a por ti con
la orden del juez tienes que ir llevando todos los días la parte de tus
pertenencias que creas más útil al trabajo. Cuando salgas con la policía de
esta casa ya no podrás volver. Uno de estos días compra a
nombre de la empresa un nuevo móvil de los no tienen acceso a datos y déjatelo
allí. Sigue usando tu móvil actual para
tu trabajo, pero recuerda dejar el móvil en casa cuando vengamos. El día de la detención vendré yo
personalmente vestido con ropa de tu talla y con casco, como los otros
compañeros. Te avisaré al teléfono fijo de tu empresa de la hora. Ese día
vendrás a casa con la trabajadora de origen brondario de tu empresa. Tú estarás
esperando con ropa deportiva preparada en tu habitación. No te preocupes por el
resto de mi equipo. Son personas de mi absoluta confianza. Yo les explicaré que
corres peligro de que te asesinen en la calle cuando salgas por la puerta y que
el mejor modo de llevarte a comisaria es disfrazado de policía.
-¿Cómo podré salir de comisaria
si llego detenido?
-No te van hacer esperar en un
calabozo. Me esperarás en mi despacho y te recuerdo que habrás llegado vestido
de policía. Nos volveremos a cambiar de ropa allí y saldremos juntos. Yo
redactaré el informe donde diré que no te habíamos encontrado al inspeccionar
el piso. Que según declaró la mujer que nos abrió la puerta ella es la única
que habita en ese apartamento desde que te fuiste hacía una semana. Déjale
escrito a tu secretaria lo que tiene que decirme y por tanto que escucharán a
través del móvil los agentes brondarios.
-Entonces la policía dará una
orden de arresto contra mí en toda España ¿no?
-Sí pero en estos días
solucionaremos ese problema. Ya estoy en ello.
-Ya he arreglado la futura
ausencia mía de la empresa. Cada vez que viajo a Suiza siempre dejo de
encargado a la misma persona. Tal y como me recomendaste ya he hablado con él y
está muy contento de ser el futuro gerente de la misma y con un sueldo muy
mejorado.
-Mejórale también el suelo a la
Secretaria. Es muy importante comprar su silencio. No creo que vayan los espías
a por ella. En mi informe escribiré que ella es una traductora oficial de
brondario que no tiene relación alguna con tu empresa.
-Te agradezco infinitamente lo
que estás haciendo. Te estás jugando tu puesto por mí.
-Lo sé, pero tú vas a salir vivo
de esta y eso me parece más importante.
Estaba
desatendiendo mi verdadero trabajo pero no podía parar. La preparación de la
libertad de Piotr me motivaba y no quería dejar ningún detalle al aire. Me
había impresionado la seriedad, la formalidad, su forma de pedir ayuda, su
colaboración. No se puso nervioso en ningún momento y atendió a todo lo que le
dije. Imagino que el miedo a la policía de su país le ayudó a atenderme de esa
forma. Me demostraba a cada llamada, desde teléfonos fijos tal y como le había
indicado, que estaba haciendo todo lo que le pedí.
Al día siguiente me fui a la morgue. Ya había
contactado con los forenses que me habían confirmado la presencia de un
vagabundo alcohólico que había fallecido en una reyerta. Les conté que lo
estábamos buscando por un delito que me había inventado. Me hice con su DNI y
todos los datos disponibles de él. Fui yo el encargado de ponerme en contacto
con el único familiar que la policía había podido encontrar. Era su hermano
menor. Cuando le comenté que su hermano había muerto y las circunstancias de la
muerte me dijo que se lo esperaba y que estaba encantado de quitarse de en
medio el problema más grande que había tenido en su vida. También me expreso su
intención de no hacerse cargo del entierro. Que ya le había ocasionado
bastantes problemas y gastos.
Sonriendo le dije que me daba por enterado y
que su hermano iría a la fosa común. Al ser el encargado de resolver el delito
ficticio era yo el responsable de redactar el informe de su muerte. En dicho
informe no constó que habíamos encontrado su DNI y que no habíamos podido
encontrar su identidad a través de las huellas dactilares por lo que
consideraba que debía ser extranjero.
Me la estaba jugando pero no me importaba. No
estaba dispuesto a dejar que asesinaran a un inocente. Con el DNI del finado
preparé una denuncia por pérdida del mismo. Había mucha diferencia física entre
Piotr y el fallecido. La más significativa era el cabello. Piotr estaba casi
calvo y el otro tenía mucho pelo y buena parte de él todavía muy negro.
No le fue muy difícil conseguir una peluca
parecida al cabello que se veía en la foto del DNI. Cuando le acompañé a
renovar el carnet de identidad la presencia de un inspector de policía permitió
que no se hicieran preguntas molestas sobre la diferencia de rasgos entre el
hombre que aparecía en la foto y el que me acompañaba.
Entre tanto y por mi recomendación se había
alquilado un apartamento pequeño en un barrio mucho más humilde. Allí viviría
temporalmente con su nueva identidad y nacionalidad. Podría dirigir su empresa
en la distancia.
Nos quedaba saber si en la orden judicial nos
hacían intervenir sus cuentas bancarias o no. Yo esperaba que no ya que con
ello podría hacer desaparecer una empresa que no tenía que ver nada con la
denuncia contra Piotr. Él estuvo sacando todo el dinero en efectivo que pudo de
sus cuentas en los días que faltaban para su detención.
La orden de arresto llegó. Por suerte en ella
no se indicaba que debiéramos bloquear sus cuentas bancarias. Asaltamos su
apartamento de madrugada. Piotr salió de su apartamento vestido de policía.
Agraciadamente teníamos tallas parecidas. Solo tuve que llevar escondidas mis
zapatillas de deporte ya que calzaba un número más que él.
A las 6 de la madrugada salí yo con ropa
deportiva y corriendo como un running más. Ya en comisaría redacte los informes
y a continuación, con nuestras propias vestimentas salimos a la calle. Lo llevé
a su trabajo donde, entrando por una puerta de servicio en la parte trasera del
edificio, recogimos sus maletas y luego fuimos a su nuevo apartamento. Me dio
su nuevo número de teléfono para mantenernos en contacto de forma discreta.
El suyo fue incautado por la policía para
tratar de detectar donde pudiera estar. En mi informe para el juez informaba
que su teléfono estaba intervenido, al parecer por los brondarios, y
considerábamos necesaria la colaboración de ellos para su detención.
El escrito de solicitud a la embajada
brondaria env
iado por el juez para que nos ayudasen a su detención no debió
sentarles demasiado bien. Negaron que ellos tuvieran nada que ver con el
pinchado de su móvil. Seguro que ante la sospecha que sabíamos de sus
actividades y el temor que los encontráramos debieron devolver a los espías a
su casa. Recordé que Piotr, la primera vez que lo vi, había dicho en voz alta ¿De la embajada norteamericana? Por lo
que debían sospechar que Piotr habría sido informado por ellos. Había usado ese
sobre con el que nos habían mandado información de otro caso. Agraciadamente
pude recuperarlo y devolverlo al sitio de donde lo había sacado.
El mismo escrito del juez hizo intervenir a
nuestros servicios secretos. La búsqueda de Piotr había dejado de ser un
trabajo de la policía. Sólo yo acompañé a los nuevos responsables de la
investigación y les di la información que constaba en mis informes y una
colaboración aparentemente desinteresada. Las entrevistas en la empresa nos
dieron la información que Piotr sabía que lo iban a tratar de extraditar al
haber dejado plenos poderes al nuevo gerente.
Les demostré que quería pasarles a ellos la
investigación. A la mujer que estaba en el apartamento de Piotr la describí
minuciosamente y, por supuesto, no se parecía en nada a la secretaria de la
inmobiliaria, una mujer rubia de pelo rizado y con algo de sobrepeso. La imagen
que trasmití la acercaba mucho a Morticia, de la familia Adams. Los servicios
secretos me demostraron que estaban más interesados en seguir la pista de las
personas que espiaban a Piotr que a él mismo.
Nadie dijo nada en comisaria ya que no se
enteraron de lo sucedido con Piotr. La presencia de los servicios secretos hizo
ver a mi equipo que había razones de peso para sacarlo de su apartamento como
lo hicimos. Cara a los expedientes internos de la policía sólo estaban mis
informes. En ellos constaba que fueron y volvieron a comisaria el mismo número
de policías sin que llegara ningún detenido.
La otra parte de mis trampas tampoco me dio
problemas. El hermano de Ángel no reclamó nada como era de esperar y, al
hacerme cargo yo de la investigación del teórico atraco realizado por el muerto
me hice cargo de la investigación de su asesinato por si tenía relación con el
atraco.
Para mi informe me vino fenomenal el escrito
de los forenses que indicaban que la muerte se produjo por un único navajazo
que le afectó al páncreas y al intestino produciéndole una hemorragia enorme.
También que el grado de alcohol en sangre del finado era extremadamente alto.
La búsqueda del asesino entre los sin techo
me confirmó que quién lo mató no era uno de ellos. Dos me dijeron que debía
dinero a gente poco recomendable y que esa noche estaba cantando en el parque
después de haberse bebido dos litros de vino. Era fácilmente localizable por
los que lo eliminaron. No lo oyeron quejarse ni ningún grito. Sólo dejaron de
oírlo cantar y se sintieron aliviados.
En los días siguientes desde mi casa Piotr y
yo mantuvimos las largas conversaciones. Aunque más bien debiera decir que las
conversaciones eran entre Ángel y yo. Me contó que estaba formalizando su vida
como español. Con su nueva alta como autónomo había abierto una cuenta
corriente con su nuevo nombre. En ella estaba ingresando pequeñas cantidades de
dinero casi todos los días a través de cajero automático como si fuera fruto de
su trabajo. También había podido sacar más dinero de sus cuentas como Piotr
ante el temor que se las interviniesen.
En estas llamadas me enteré que la parte más
importante de su dinero, que era bastante más de la que imaginé en un
principio, estaba en Suiza. Con el boom
de la construcción llego a tener a 50 trabajadores y beneficios muy
significativos que acabaron en aquel país. Él estaba convencido que ahora los
servicios secretos brondarios estarían esperándolo allí. Al menos una de
aquellas cuentas, la más cuantiosa se podía manejar desde la empresa y con sus
órdenes el nuevo gerente había trasladado todo el dinero a una nueva cuenta de
la inmobiliaria.
También había conseguido una forma discreta
de recibir dinero de la inmobiliaria periódicamente. Seguía dirigiendo su
empresa desde la distancia. El nuevo gerente también tenía un móvil como el
suyo y se comunicaban a través de ellos.
Lo que más le dolía era no poder contactar
con su madre y sus hermanos de forma fácil. Les llamaba desde de distintos
locutorios telefónicos. Pero siempre llamadas cortas. Tenía miedo que les
estuvieran vigilando y no quería ponerles ni ponerse en peligro.
Poco tiempo después dejamos de hablar por
teléfono. Era más seguro para los dos.
II
Una de las enseñanzas que me brindó la vida
al año siguiente del asunto de Piotr es que lo bueno está reñido con lo
perfecto. Yo soy un buen policía que está orgulloso de su trabajo, pero no soy
un policía perfecto. No sólo por las trampas que hice. El tiempo me lo
demostró. Lo que ahora cuento, en buena parte, pude
leerlo en el expediente policial que marcó mi vida para siempre.
Una de las cosas a las que no estuve atento
es que no comprobé si además del hermano menor de Ángel vivía algún otro
familiar. Hice caso al policía que lo encontró pero no indagué lo suficiente.
El hermano menor era el único familiar que podía responder, pero la madre aún vivía.
No se informó a la mujer de la muerte de su
hijo porque a los enfermos de Alzhéimer no se les informa, en especial si no
reconocen ni al único familiar que va a visitarla. La buena mujer tuvo a bien
morirse y cuando el hijo que la había atendido fue a recibir la herencia se
encontró con que debía aparecer allí con su hermano o si estaba muerto, tal y
como él decía, con el certificado de defunción.
Como no lo tenía fue al registro civil de su
provincia donde, evidentemente, no tenían constancia de esa muerte. No le quedó
más remedio de ponerse en contacto con la policía. No se puede decir que haya
pocos policías en Madrid, aunque hagan falta algunos más. Para él, tratar de
encontrarme, era una tarea casi imposible. Con lo que tuvo que presentar una solicitud
denunciando que no se había presentado en el registro civil la defunción del su
hermano.
Su sorpresa debió ser mayúscula cuando
recibió una notificación de la policía informándole que no había ningún
expediente vinculado con su hermano ni en la fecha que él dijo ni en las
anteriores o posteriores y que, evidentemente debía estar vivo, ya que renovó
su DNI tres días después de la fecha de su teórica defunción.
Gabriel, así se llamaba el hermano menor, se
debió tomar muy mal esa respuesta ya que presentó una denuncia con el papel
oficial de un abogado de su pueblo. Debió contratarlo para exponer con todos
los hechos. En esa denuncia se metía con la policía porque o le han tomado el
pelo o no habían hecho bien su trabajo y con su hermano porque ni muerto dejaba
de poner trabas en su vida. La vehemencia de Gabriel estaba también motivada
por la herencia que además de las tierras, que él trabajaba, les otorgaba a los
herederos varios inmuebles y solares urbanos.
El menor de los hermanos no estaba dispuesto a compartir.
Ante la denuncia hubo indagaciones y el
forense recordó al borracho muerto. Estas indagaciones por mi mal hacer las
llevaban los de asuntos internos. Cuando recibí su visita no tenían cara de
buenos amigos. Llevaban consigo copias del DNI de Ángel, tanto del nuevo como
del antiguo. Estaban muy interesados en saber quién era el señor que aparecía
en la foto del DNI nuevo. Sabían incluso que le había acompañado yo para
conseguirlo.
No sabía que responder y ante mi silencio
ellos mismos mencionaron otro de los casos que llevaba yo en aquellos momentos.
Cuando mencionaron el intento de arresto de Piotr se me vino el alma a los
pies. Me llevaron detenido ante el juez. Lo mío no era una falta administrativa.
Había cometido dos delitos. Además mi carrera en la policía se podía dar por
terminada.
Estuve un día y medio como preso preventivo
antes de la vista ante el juez. Tiempo para pensar en mí. Había hecho lo que
consideraba justo pero ahora pagaría los platos rotos. Lo peor de todo es que
lo que hice no le serviría a Piotr y acabaría en Brondaria.
Me sorprendió el pensamiento. Estaba
anteponiendo el deber a mí mismo. Me hizo pensar como había acabado en ese
calabozo. Lo que yo consideraba justo lo ponía por delante de todo y así había
ido mi vida.
Recordé que solo estuve dos años casado. Mi
matrimonio se fue a la mierda porque le hacía más caso al trabajo que a mi
mujer. No volví a casarme. Las relaciones que tuve no duraban ya que todas las
mujeres con las que salí querían mi atención y yo la tenía puesta en el
despacho donde me habían detenido.
Anteponer el deber a mis necesidades, a lo
que me apetecía o sentía había sido el peor negocio de mi vida. Me daba cuenta
que no sabía divertirme. No tenía amigos fuera de la policía y ahora me
expulsaban de allí. Era como si me expulsaran de mi familia.
No era por bondad por lo que estaba en
prisión era porque toda la vida me había dejado llevar por lo que creía y no
por lo que era. Tenía que hacer algo, cambiar de una vez. No podía seguir
dejándome llevar por mis creencias y tenía que ser más consciente de lo que
sentía.
El juez, tras ver el caso consideró que no
había riesgo de fuga y me dejó en libertad con cargos.
Me fui a casa y al llegar mi primer
pensamiento fue que sin trabajo no podría pagar la hipoteca y que también la
perdería. Sabía que tenía que encontrar un abogado, al que poco le podría
pagar, para que me defendiera. Por mi trabajo conocía a muchos pero no había
hecho ninguna amistad. Ellos solían estar al lado de los que yo había acusado.
Absorto en esos pensamientos sonó mi móvil.
Descolgué y era un abogado que se presentaba como miembro de uno de los bufetes
más caros y de más prestigio de Madrid que me decía que tenía que hablar
conmigo para mi defensa. Le dije que yo era un simple funcionario y que con mi
sueldo no podía pagar a su bufete.
No me dejó seguir. Me dijo que tenía que
hablar conmigo de mi defensa no del coste de la misma. Que ese tema estaba ya
solucionado. Me sentí como un tonto que no sabía que decir y fue el propio
abogado el que puso la cita. Tomé nota y colgué.
Yo que creía controlarlo todo y ahora todo me
sobrepasaba. No entendía nada. Sabía que tenía que ir hablar con ese abogado y
dejarle claro que nunca podría pagar. Empecé a pensar mal. Igual pretendían
lograr que me quedase en la policía y luego que les ayudase en los casos en que
estuviesen implicados clientes suyos. Luego de imaginar unas maldades más lo
dejé y pensé que sería mejor enterarme de lo que pasaba por el propio abogado.
Solo tenía que esperar un día.
Me atendió a la hora prevista. Dejó claro que
había otra persona que pagaba los honorarios de mi defensa. Le pregunté si era
Piotr y me dijo que sí. Que él era un cliente suyo al que habían defendido en
la causa de extradición y además, dado que era residente en España más de doce
años, le habían tramitado la solicitud de nacionalidad española.
Me dio por reír. El policía controlador que
llevaba dentro todavía más desbordado por los acontecimientos que sucedían a su
alrededor.
En cuanto pregunté al abogado por Piotr me
dijo que sus asuntos estaban encauzados y que no corría riesgo de extradición
en estos momentos. Me transmitió un mensaje de su parte. Me pedía que me
centrara en mi defensa, que ya nos veríamos cuando acabase mi juicio.
Le pregunté al abogado cómo se habían
enterado tan rápido de mi situación. Me dijo que fue a través de Piotr ya que
él estaba acusado de usar la documentación que yo le conseguí y que ese caso
también lo llevaban ellos.
III
Es lo que tiene el usar los servicios de
buenos abogados. Al final fui condenado a penas muy bajas que no me hicieron
ingresar en prisión. Evidentemente me expulsaron de la policía. Mi impecable
historial sirvió para rebajar la condena al mínimo, pero no para poder ser
readmitido en el Cuerpo en el futuro.
A la salida de los juzgados cuando recibí la
sentencia me esperaba Piotr. Nada más verlo lo abracé. Me sentía inmensamente
agradecido por lo que había hecho por mí. No sólo me había pagado la defensa.
Estuvo dándome dinero a través del abogado para poder vivir y seguir pagando mi
piso mientras duró el juicio.
Nos fuimos a un restaurante de lujo a
celebrar nuestro reencuentro.
-No sabía que
hubieses contratado a abogados para luchar contra tu extradición.
-Cuando me ayudaste lo único que
pensé fue en salvar la vida. Cuando me vi seguro con una nueva identidad
comprendí que nunca dejaría de ser Piotr y que tenía que luchar por ello. Como
tengo dinero busqué a los mejores para que me defendieran.
-¿Te ha ido todo bien?
-Sí. Conseguí certificados de
los bancos suizos en los que negaban las transacciones de dinero a Brondaria de
las que me acusaban. Al bufete de abogados les di poderes para que me
representasen y negociar mantenerme fuera de prisión mientras duraran las
vistas. Fue idea de ellos decirle al juez que mi intención de pedir la
nacionalidad española en cuanto se cumpliesen los 12 años de residencia
continuada en España.
-No sabes cómo me alegro.
-Cuando se decretó la
paralización de la orden de extradición volví a la empresa como Piotr. En esas
fechas los servicios secretos españoles habían solicitado que se dejase de
extraditar a Brondaria. Esas extradiciones se aprobaron cuando se independizó
mi país ya que vinieron a España varios grupos de delincuentes organizados.
Aquí los políticos y jueces decidieron que era preferible quitárselos de en
medio antes que dejarlos en cárceles españolas. Ahora la ausencia de una
democracia real allí y casos como el de Alex han hecho que se revisen los
tratados de extradición.
-En mi caso las
cosas no han ido tan bien.
-No te quejes. No
vas a ir a la cárcel.
-Aunque no vaya.
¿Qué voy hacer?
-Querido amigo.
Eres la persona que se jugó todo lo que tenía por salvarme la vida sin
conocerme. Puedes contar conmigo y te voy a ayudar.
-Te agradezco tus
palabras Piotr pero yo era un policía y no he trabajado de otras cosas. Yo no
serviría para trabajar en lo que tú haces. No quiero que me tengas que mantener
como una carga. Está claro que no volveré a ser policía, pero quiero hacer algo
que me motive y que sepa de qué va.
Piotr se quedó
sonriendo y me dijo.
-Tengo que contarte lo que pasó
cuando dejamos de hablarnos por teléfono. Recibí un aviso de mi hermana que le
habían detectado un cáncer a mi madre. La persona que más quería del mundo
podría morir sin poder ni ayudarla, ni verla ni abrazarla. No me lo pensé y
decidí volver a Brondaria.
-¿Te la jugaste y volviste?
-Sí. Tú me enseñaste a jugar
fuerte. Te cuento como lo organice. Mi país sólo tiene dos ciudades de tamaño
significativo la capital Quisina donde viven mis familiares y Crasnaia, la
única población costera donde, como es turística, es fácil llegar a ella tanto
en avión como en barco. Hay cruceros
veraniegos por el mar Negro que paran allí. Así que organice un encuentro con
mi hermana y mi madre en un hotel de Crasnaia.
-Me pica la curiosidad ¿Cómo lo
hiciste?
-Lo hiciste tú. Me conseguiste
un DNI español. Yo sólo tuve que sacarme un pasaporte español con ese DNI y
viajar como si fuera Ángel a mi propio país. Les reservé a ellas alojamiento en
el mismo hotel donde había reservado yo mis vacaciones por el mar Negro. Como
viajo mucho a Suiza tengo buenos contactos en una agencia de viajes que me
consiguió lo que necesitaba.
-Los servicios secretos podrían
estar esperando que aparecieras por el hotel.
-Tomé precauciones. Nunca me
acerqué a la habitación de mi madre y mi hermana. Eran ellas las que venían a
la suite que había reservado.
-¿Por qué me cuentas todo esto?
-Por lo que pasó en el
reencuentro. Hablamos de toda la familia. De lo duro que es vivir ahora en
Brondaria. De mi hijo y mi ex que se niega a dejármelo ver. Pero también
hablamos de ti.
-¿De mí?
-Les conté lo importante que
eres en mi vida y que estoy vivo gracias a ti. De la persona que más hablamos
fue del Inspector García. Les conté cómo me habías salvado y lo que te jugaste
al hacerlo. Mi madre me hizo prometerle que jamás dejase que te pasara algo
malo.
-Veo que lo estás cumpliendo.
-Sí, pero aún no he acabado.
-¿De contarme lo que paso o de
ayudarme?
-De las dos cosas. –dijo Piotr
riendo- Por acabar con el viaje te diré que además de pagar con mi tarjeta de
una de las cuentas suizas los gastos de ellas en el hotel le dejé la tarjeta
bancaria a mi hermana. Con ella estamos pagando la mejor asistencia médica
privada de República de Brondaria para tratar a mi madre.
-¡Qué bueno!
-Y con respecto a seguir
ayudándote tengo algo que ofrecerte. Recuerda el dicho que cuando se cierra una
puerta se abre una ventana.
-¿En qué has pensado? –dije muy interesado-
-Ahora que voy a ser español no
voy a seguir manteniendo cuentas en Suiza. Me he comprometido a traer todo mi
dinero a España y pienso invertirlo.
-¿En qué?
-En negocios que necesiten
buenos comerciales como los que tengo en mi empresa. El primero de ellos será
una compañía de seguridad privada en la que te necesito para que la dirijas ¿Si
es para esa misión estás dispuesto en trabajar conmigo?
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