miércoles, 22 de abril de 2020


José Luis
EXTRADICIÓN
¡Otra vez los brondarios! No tuvieron bastante con Alex. Aquel pobre muchacho acusado de terrorismo que en verdad era pobre, disidente y homosexual. Escapó de allí buscando oportunidades y lo denunciaron para llevárselo. Ahora pretendían utilizar el mismo “modus operandi” que con él. Por lo visto, como les funcionó con el muchacho, querían utilizándolo con Piotr.

A Alex se lo llevaron en un avión brondario. Lo esposaron en la escalerilla. Luego el avión no salió enseguida porque había una bomba en la maleta de Alex. Yo ví como cerraba la maleta y tengo claro que quienes pusieron la bomba eran los mismos que le esposaron. Oficialmente al aterrizar en Brondaria Alex trato de escapar y fue abatido a tiros, evidentemente por la espalda. Posteriormente me enteré que su pecado fue haber mantenido relaciones sexuales con el hijo de un dirigente político.

Me había quejado a mis superiores que no podía ir a por Piotr, que le pasaría lo mismo. Pero la respuesta fue que tenemos unos tratados de extradición que hay que cumplir. Que no era nuestra misión juzgar, que para eso ya está el juez.

Me quemaba la sangre. Me había metido en la policía para proteger inocentes, no para llevarlos al matadero. Volví a leer con detenimiento la denuncia. Estos brondarios debían tener un equipo de espías instalados en España. Amablemente nos habían indicado donde vivía y que tenía previsto volar en 10 días a Zúrich. O sea que lo detuviéramos prontito para que no se fugara y para ello nos decían dónde ir. Lo estarían vigilando hacía tiempo.

Se le acusaba de haber pagado a dos vagabundos para asesinar a un empresario de su país. Lo había matado en su misma empresa donde una cámara de seguridad lo había grabado. A los vagabundos ya los tenían detenidos. Decían tener las transferencias que Piotr había hecho para pagarles.

Me puse a estudiar a Piotr. Debía tener cincuenta años. Era un empresario del mundo inmobiliario con más de veinte trabajadores en la empresa. Había venido a España hacía 11 años y le había ido bien. Piotr ya venía con dinero y sabía dónde se metía. 

Gracias a la inagotable fuente de información que es Internet me enteré que Piotr apoyaba los movimientos disidentes desde España. Este apoyo económico era algo que no soportaban los dirigentes políticos de su país. A ellos les habría sido muy fácil saber su número de cuenta bancaria y preparar una acusación falsa.  Piotr no era Alex. Este podría pagar un abogado que lo defendiera, pero me temía que no tendría tiempo de preparar su defensa. Quizá habría otro intento de fuga al bajar del avión.

Me estaba calentando la cabeza hasta que se me ocurrió hacer algo. Una sonrisa inundó mi cara y no me la podía quitar. Me iba a encargar que Piotr no muriera accidental o incidentalmente.

Me puse a investigar en varios frentes y descubrí que tenía los medios a mi alcance para facilitarle una vía de escape. Eso sí, tenía claro que ninguno de esos medios sería autorizado por mis superiores.

Al día siguiente a última hora de la tarde disfrazado de repartidor de correo me fui en una scooter a su casa. Un apartamento en una bonita calle del madrileño barrio de Salamanca. Debían irle bien los negocios. Ese apartamento debía valer un buen pellizco.

Me recibió un portero uniformado y le dije que llevaba tres paquetes para los pisos 7º, 4ºy 3º. Me informó que debía avisar que subía a entregarlos. Le enseñé mi placa y le indiqué que sólo avisase al 7º. Subí a ese piso donde Piotr me esperaba con la puerta abierta. Le entregué un paquete y al verlo exclamo extrañado:

-¿De la embajada norteamericana?
-Eso parece

Le pedí que me diera su número de DNI o de pasaporte, que me dijo de carrerilla, y que me firmara el recibí. Lo que le entregué para firmar era una hoja en la que estaba escrito con letras bastante grandes:

Soy policía. No hable. Lea el contenido del documento donde no puedan espiarle desde la calle. Le espero en la planta 4ª cuando lo haya leído con su juego completo de llaves de casa y sin aparatos electrónicos consigo. 

Ante su cara de sorpresa me abrí el chaleco de motorista repartidor y le hice ver mi placa.

No tuve que esperar ni 5 minutos. El texto del documento que le entregué le explicaba la situación en la que se encontraba, lo que le había pasado a Alex y que pretendía ayudarle. 

-¿Cómo puede ayudarme? Yo no pagué para asesinar a otro empresario que ayudaba a la disidencia.
-Lo primero es detectar si le están espiando dentro de su casa. Para ello volveré a las 11 de la noche. A esa hora usted desconectará la luz de su casa. Entraré con la llave del patio que me va a entregar ahora. Vendré con los elementos de detección adecuados.  

-¿Cree que me están vigilando? ¿Por qué?
-Eso lo sabrá usted mejor que yo. Posiblemente por apoyar económicamente a la disidencia política de su país.
-¿Qué puedo hacer? Sólo sé que necesito ayuda.
-Estoy aquí para ayudarle y Ahora tiene que ser disciplinado. En primer lugar, por si le están grabando en su casa, no mencionará la palabra “policía” en ningún momento a partir de ahora. En segundo lugar yo no he venido aquí ni tampoco lo haré esta noche. Usted no ha hablado con ningún policía.

Le conté someramente mis planes y le pregunté por el personal de su empresa. Quería ver el grado de colaboración de sus trabajadores y descartar la posibilidad que tuviera allí al espía. Sólo tenía una trabajadora de origen brondario y era también una antigua disidente que había huido del país. Le emplacé para los detalles a esa misma noche.

Piotr me esperaba con la puerta abierta de su casa en medio de una oscuridad casi total. Había bajado las persianas del apartamento casi a tope. No nos dirigimos la palabra mientras revisé todo el apartamento. Le había pedido que quitase la luz ya que sería mucho más fácil detectar los elementos electrónicos que funcionasen sin estar conectados a la corriente. Luego dio la luz y revisamos el resto. Pude comprobar que sólo le había puesto un elemento de detección. Lo llevaba en su teléfono móvil. Volví a escribir en un papel que me acompañara a la 4ª planta y sin el teléfono móvil.

Ya en la 4ª planta, donde podríamos hablar sin que ningún posible espía pudiera oírnos.

-Piotr ¿Has llevado a reparar tu móvil recientemente?
-Me fallaba bastante en casa y como han abierto ahí bajo una tienda de la misma marca lo llevé. Me era muy cómodo.
-Tú mismo les entregaste tu móvil para que pusieran su micro. Si te fallaba en casa era porque te estaría enfocando con un inhibidor de señal.
- ¿Me cuentas cual va a ser el procedimiento?
-Antes que vengamos a por ti con la orden del juez tienes que ir llevando todos los días la parte de tus pertenencias que creas más útil al trabajo. Cuando salgas con la policía de esta casa ya no podrás volver. Uno de estos días compra a nombre de la empresa un nuevo móvil de los no tienen acceso a datos y déjatelo allí.  Sigue usando tu móvil actual para tu trabajo, pero recuerda dejar el móvil en casa cuando vengamos. El día de la detención vendré yo personalmente vestido con ropa de tu talla y con casco, como los otros compañeros. Te avisaré al teléfono fijo de tu empresa de la hora. Ese día vendrás a casa con la trabajadora de origen brondario de tu empresa. Tú estarás esperando con ropa deportiva preparada en tu habitación. No te preocupes por el resto de mi equipo. Son personas de mi absoluta confianza. Yo les explicaré que corres peligro de que te asesinen en la calle cuando salgas por la puerta y que el mejor modo de llevarte a comisaria es disfrazado de policía.
-¿Cómo podré salir de comisaria si llego detenido?
-No te van hacer esperar en un calabozo. Me esperarás en mi despacho y te recuerdo que habrás llegado vestido de policía. Nos volveremos a cambiar de ropa allí y saldremos juntos. Yo redactaré el informe donde diré que no te habíamos encontrado al inspeccionar el piso. Que según declaró la mujer que nos abrió la puerta ella es la única que habita en ese apartamento desde que te fuiste hacía una semana. Déjale escrito a tu secretaria lo que tiene que decirme y por tanto que escucharán a través del móvil los agentes brondarios.
-Entonces la policía dará una orden de arresto contra mí en toda España ¿no?
-Sí pero en estos días solucionaremos ese problema. Ya estoy en ello.
-Ya he arreglado la futura ausencia mía de la empresa. Cada vez que viajo a Suiza siempre dejo de encargado a la misma persona. Tal y como me recomendaste ya he hablado con él y está muy contento de ser el futuro gerente de la misma y con un sueldo muy mejorado.
-Mejórale también el suelo a la Secretaria. Es muy importante comprar su silencio. No creo que vayan los espías a por ella. En mi informe escribiré que ella es una traductora oficial de brondario que no tiene relación alguna con tu empresa.
-Te agradezco infinitamente lo que estás haciendo. Te estás jugando tu puesto por mí.
-Lo sé, pero tú vas a salir vivo de esta y eso me parece más importante.

Estaba desatendiendo mi verdadero trabajo pero no podía parar. La preparación de la libertad de Piotr me motivaba y no quería dejar ningún detalle al aire. Me había impresionado la seriedad, la formalidad, su forma de pedir ayuda, su colaboración. No se puso nervioso en ningún momento y atendió a todo lo que le dije. Imagino que el miedo a la policía de su país le ayudó a atenderme de esa forma. Me demostraba a cada llamada, desde teléfonos fijos tal y como le había indicado, que estaba haciendo todo lo que le pedí.

Al día siguiente me fui a la morgue. Ya había contactado con los forenses que me habían confirmado la presencia de un vagabundo alcohólico que había fallecido en una reyerta. Les conté que lo estábamos buscando por un delito que me había inventado. Me hice con su DNI y todos los datos disponibles de él. Fui yo el encargado de ponerme en contacto con el único familiar que la policía había podido encontrar. Era su hermano menor. Cuando le comenté que su hermano había muerto y las circunstancias de la muerte me dijo que se lo esperaba y que estaba encantado de quitarse de en medio el problema más grande que había tenido en su vida. También me expreso su intención de no hacerse cargo del entierro. Que ya le había ocasionado bastantes problemas y gastos.

Sonriendo le dije que me daba por enterado y que su hermano iría a la fosa común. Al ser el encargado de resolver el delito ficticio era yo el responsable de redactar el informe de su muerte. En dicho informe no constó que habíamos encontrado su DNI y que no habíamos podido encontrar su identidad a través de las huellas dactilares por lo que consideraba que debía ser extranjero.

Me la estaba jugando pero no me importaba. No estaba dispuesto a dejar que asesinaran a un inocente. Con el DNI del finado preparé una denuncia por pérdida del mismo. Había mucha diferencia física entre Piotr y el fallecido. La más significativa era el cabello. Piotr estaba casi calvo y el otro tenía mucho pelo y buena parte de él todavía muy negro. 

No le fue muy difícil conseguir una peluca parecida al cabello que se veía en la foto del DNI. Cuando le acompañé a renovar el carnet de identidad la presencia de un inspector de policía permitió que no se hicieran preguntas molestas sobre la diferencia de rasgos entre el hombre que aparecía en la foto y el que me acompañaba.

Entre tanto y por mi recomendación se había alquilado un apartamento pequeño en un barrio mucho más humilde. Allí viviría temporalmente con su nueva identidad y nacionalidad. Podría dirigir su empresa en la distancia. 

Nos quedaba saber si en la orden judicial nos hacían intervenir sus cuentas bancarias o no. Yo esperaba que no ya que con ello podría hacer desaparecer una empresa que no tenía que ver nada con la denuncia contra Piotr. Él estuvo sacando todo el dinero en efectivo que pudo de sus cuentas en los días que faltaban para su detención.

La orden de arresto llegó. Por suerte en ella no se indicaba que debiéramos bloquear sus cuentas bancarias. Asaltamos su apartamento de madrugada. Piotr salió de su apartamento vestido de policía. Agraciadamente teníamos tallas parecidas. Solo tuve que llevar escondidas mis zapatillas de deporte ya que calzaba un número más que él. 

A las 6 de la madrugada salí yo con ropa deportiva y corriendo como un running más. Ya en comisaría redacte los informes y a continuación, con nuestras propias vestimentas salimos a la calle. Lo llevé a su trabajo donde, entrando por una puerta de servicio en la parte trasera del edificio, recogimos sus maletas y luego fuimos a su nuevo apartamento. Me dio su nuevo número de teléfono para mantenernos en contacto de forma discreta.

El suyo fue incautado por la policía para tratar de detectar donde pudiera estar. En mi informe para el juez informaba que su teléfono estaba intervenido, al parecer por los brondarios, y considerábamos necesaria la colaboración de ellos para su detención.
El escrito de solicitud a la embajada brondaria env
iado por el juez para que nos ayudasen a su detención no debió sentarles demasiado bien. Negaron que ellos tuvieran nada que ver con el pinchado de su móvil. Seguro que ante la sospecha que sabíamos de sus actividades y el temor que los encontráramos debieron devolver a los espías a su casa. Recordé que Piotr, la primera vez que lo vi, había dicho en voz alta ¿De la embajada norteamericana? Por lo que debían sospechar que Piotr habría sido informado por ellos. Había usado ese sobre con el que nos habían mandado información de otro caso. Agraciadamente pude recuperarlo y devolverlo al sitio de donde lo había sacado.

El mismo escrito del juez hizo intervenir a nuestros servicios secretos. La búsqueda de Piotr había dejado de ser un trabajo de la policía. Sólo yo acompañé a los nuevos responsables de la investigación y les di la información que constaba en mis informes y una colaboración aparentemente desinteresada. Las entrevistas en la empresa nos dieron la información que Piotr sabía que lo iban a tratar de extraditar al haber dejado plenos poderes al nuevo gerente. 

Les demostré que quería pasarles a ellos la investigación. A la mujer que estaba en el apartamento de Piotr la describí minuciosamente y, por supuesto, no se parecía en nada a la secretaria de la inmobiliaria, una mujer rubia de pelo rizado y con algo de sobrepeso. La imagen que trasmití la acercaba mucho a Morticia, de la familia Adams. Los servicios secretos me demostraron que estaban más interesados en seguir la pista de las personas que espiaban a Piotr que a él mismo.

Nadie dijo nada en comisaria ya que no se enteraron de lo sucedido con Piotr. La presencia de los servicios secretos hizo ver a mi equipo que había razones de peso para sacarlo de su apartamento como lo hicimos. Cara a los expedientes internos de la policía sólo estaban mis informes. En ellos constaba que fueron y volvieron a comisaria el mismo número de policías sin que llegara ningún detenido. 

La otra parte de mis trampas tampoco me dio problemas. El hermano de Ángel no reclamó nada como era de esperar y, al hacerme cargo yo de la investigación del teórico atraco realizado por el muerto me hice cargo de la investigación de su asesinato por si tenía relación con el atraco. 

Para mi informe me vino fenomenal el escrito de los forenses que indicaban que la muerte se produjo por un único navajazo que le afectó al páncreas y al intestino produciéndole una hemorragia enorme. También que el grado de alcohol en sangre del finado era extremadamente alto. 

La búsqueda del asesino entre los sin techo me confirmó que quién lo mató no era uno de ellos. Dos me dijeron que debía dinero a gente poco recomendable y que esa noche estaba cantando en el parque después de haberse bebido dos litros de vino. Era fácilmente localizable por los que lo eliminaron. No lo oyeron quejarse ni ningún grito. Sólo dejaron de oírlo cantar y se sintieron aliviados.

En los días siguientes desde mi casa Piotr y yo mantuvimos las largas conversaciones. Aunque más bien debiera decir que las conversaciones eran entre Ángel y yo. Me contó que estaba formalizando su vida como español. Con su nueva alta como autónomo había abierto una cuenta corriente con su nuevo nombre. En ella estaba ingresando pequeñas cantidades de dinero casi todos los días a través de cajero automático como si fuera fruto de su trabajo. También había podido sacar más dinero de sus cuentas como Piotr ante el temor que se las interviniesen.

En estas llamadas me enteré que la parte más importante de su dinero, que era bastante más de la que imaginé en un principio, estaba en Suiza.  Con el boom de la construcción llego a tener a 50 trabajadores y beneficios muy significativos que acabaron en aquel país. Él estaba convencido que ahora los servicios secretos brondarios estarían esperándolo allí. Al menos una de aquellas cuentas, la más cuantiosa se podía manejar desde la empresa y con sus órdenes el nuevo gerente había trasladado todo el dinero a una nueva cuenta de la inmobiliaria. 

También había conseguido una forma discreta de recibir dinero de la inmobiliaria periódicamente. Seguía dirigiendo su empresa desde la distancia. El nuevo gerente también tenía un móvil como el suyo y se comunicaban a través de ellos.

Lo que más le dolía era no poder contactar con su madre y sus hermanos de forma fácil. Les llamaba desde de distintos locutorios telefónicos. Pero siempre llamadas cortas. Tenía miedo que les estuvieran vigilando y no quería ponerles ni ponerse en peligro.

Poco tiempo después dejamos de hablar por teléfono. Era más seguro para los dos.

II
Una de las enseñanzas que me brindó la vida al año siguiente del asunto de Piotr es que lo bueno está reñido con lo perfecto. Yo soy un buen policía que está orgulloso de su trabajo, pero no soy un policía perfecto. No sólo por las trampas que hice. El tiempo me lo demostró. Lo que ahora cuento, en buena parte, pude leerlo en el expediente policial que marcó mi vida para siempre.

Una de las cosas a las que no estuve atento es que no comprobé si además del hermano menor de Ángel vivía algún otro familiar. Hice caso al policía que lo encontró pero no indagué lo suficiente. El hermano menor era el único familiar que podía responder, pero la madre aún vivía. 

No se informó a la mujer de la muerte de su hijo porque a los enfermos de Alzhéimer no se les informa, en especial si no reconocen ni al único familiar que va a visitarla. La buena mujer tuvo a bien morirse y cuando el hijo que la había atendido fue a recibir la herencia se encontró con que debía aparecer allí con su hermano o si estaba muerto, tal y como él decía, con el certificado de defunción.

Como no lo tenía fue al registro civil de su provincia donde, evidentemente, no tenían constancia de esa muerte. No le quedó más remedio de ponerse en contacto con la policía. No se puede decir que haya pocos policías en Madrid, aunque hagan falta algunos más. Para él, tratar de encontrarme, era una tarea casi imposible. Con lo que tuvo que presentar una solicitud denunciando que no se había presentado en el registro civil la defunción del su hermano.

Su sorpresa debió ser mayúscula cuando recibió una notificación de la policía informándole que no había ningún expediente vinculado con su hermano ni en la fecha que él dijo ni en las anteriores o posteriores y que, evidentemente debía estar vivo, ya que renovó su DNI tres días después de la fecha de su teórica defunción.

Gabriel, así se llamaba el hermano menor, se debió tomar muy mal esa respuesta ya que presentó una denuncia con el papel oficial de un abogado de su pueblo. Debió contratarlo para exponer con todos los hechos. En esa denuncia se metía con la policía porque o le han tomado el pelo o no habían hecho bien su trabajo y con su hermano porque ni muerto dejaba de poner trabas en su vida. La vehemencia de Gabriel estaba también motivada por la herencia que además de las tierras, que él trabajaba, les otorgaba a los herederos varios inmuebles y solares urbanos.  El menor de los hermanos no estaba dispuesto a compartir. 

Ante la denuncia hubo indagaciones y el forense recordó al borracho muerto. Estas indagaciones por mi mal hacer las llevaban los de asuntos internos. Cuando recibí su visita no tenían cara de buenos amigos. Llevaban consigo copias del DNI de Ángel, tanto del nuevo como del antiguo. Estaban muy interesados en saber quién era el señor que aparecía en la foto del DNI nuevo. Sabían incluso que le había acompañado yo para conseguirlo.

No sabía que responder y ante mi silencio ellos mismos mencionaron otro de los casos que llevaba yo en aquellos momentos. Cuando mencionaron el intento de arresto de Piotr se me vino el alma a los pies. Me llevaron detenido ante el juez. Lo mío no era una falta administrativa. Había cometido dos delitos. Además mi carrera en la policía se podía dar por terminada.

Estuve un día y medio como preso preventivo antes de la vista ante el juez. Tiempo para pensar en mí. Había hecho lo que consideraba justo pero ahora pagaría los platos rotos. Lo peor de todo es que lo que hice no le serviría a Piotr y acabaría en Brondaria. 

Me sorprendió el pensamiento. Estaba anteponiendo el deber a mí mismo. Me hizo pensar como había acabado en ese calabozo. Lo que yo consideraba justo lo ponía por delante de todo y así había ido mi vida. 

Recordé que solo estuve dos años casado. Mi matrimonio se fue a la mierda porque le hacía más caso al trabajo que a mi mujer. No volví a casarme. Las relaciones que tuve no duraban ya que todas las mujeres con las que salí querían mi atención y yo la tenía puesta en el despacho donde me habían detenido.

Anteponer el deber a mis necesidades, a lo que me apetecía o sentía había sido el peor negocio de mi vida. Me daba cuenta que no sabía divertirme. No tenía amigos fuera de la policía y ahora me expulsaban de allí. Era como si me expulsaran de mi familia.

No era por bondad por lo que estaba en prisión era porque toda la vida me había dejado llevar por lo que creía y no por lo que era. Tenía que hacer algo, cambiar de una vez. No podía seguir dejándome llevar por mis creencias y tenía que ser más consciente de lo que sentía.  

El juez, tras ver el caso consideró que no había riesgo de fuga y me dejó en libertad con cargos. 

Me fui a casa y al llegar mi primer pensamiento fue que sin trabajo no podría pagar la hipoteca y que también la perdería. Sabía que tenía que encontrar un abogado, al que poco le podría pagar, para que me defendiera. Por mi trabajo conocía a muchos pero no había hecho ninguna amistad. Ellos solían estar al lado de los que yo había acusado.

Absorto en esos pensamientos sonó mi móvil. Descolgué y era un abogado que se presentaba como miembro de uno de los bufetes más caros y de más prestigio de Madrid que me decía que tenía que hablar conmigo para mi defensa. Le dije que yo era un simple funcionario y que con mi sueldo no podía pagar a su bufete.

No me dejó seguir. Me dijo que tenía que hablar conmigo de mi defensa no del coste de la misma. Que ese tema estaba ya solucionado. Me sentí como un tonto que no sabía que decir y fue el propio abogado el que puso la cita. Tomé nota y colgué. 

Yo que creía controlarlo todo y ahora todo me sobrepasaba. No entendía nada. Sabía que tenía que ir hablar con ese abogado y dejarle claro que nunca podría pagar. Empecé a pensar mal. Igual pretendían lograr que me quedase en la policía y luego que les ayudase en los casos en que estuviesen implicados clientes suyos. Luego de imaginar unas maldades más lo dejé y pensé que sería mejor enterarme de lo que pasaba por el propio abogado. Solo tenía que esperar un día.

Me atendió a la hora prevista. Dejó claro que había otra persona que pagaba los honorarios de mi defensa. Le pregunté si era Piotr y me dijo que sí. Que él era un cliente suyo al que habían defendido en la causa de extradición y además, dado que era residente en España más de doce años, le habían tramitado la solicitud de nacionalidad española.

Me dio por reír. El policía controlador que llevaba dentro todavía más desbordado por los acontecimientos que sucedían a su alrededor.

En cuanto pregunté al abogado por Piotr me dijo que sus asuntos estaban encauzados y que no corría riesgo de extradición en estos momentos. Me transmitió un mensaje de su parte. Me pedía que me centrara en mi defensa, que ya nos veríamos cuando acabase mi juicio.

Le pregunté al abogado cómo se habían enterado tan rápido de mi situación. Me dijo que fue a través de Piotr ya que él estaba acusado de usar la documentación que yo le conseguí y que ese caso también lo llevaban ellos.

III
Es lo que tiene el usar los servicios de buenos abogados. Al final fui condenado a penas muy bajas que no me hicieron ingresar en prisión. Evidentemente me expulsaron de la policía. Mi impecable historial sirvió para rebajar la condena al mínimo, pero no para poder ser readmitido en el Cuerpo en el futuro.

A la salida de los juzgados cuando recibí la sentencia me esperaba Piotr. Nada más verlo lo abracé. Me sentía inmensamente agradecido por lo que había hecho por mí. No sólo me había pagado la defensa. Estuvo dándome dinero a través del abogado para poder vivir y seguir pagando mi piso mientras duró el juicio.

Nos fuimos a un restaurante de lujo a celebrar nuestro reencuentro. 

-No sabía que hubieses contratado a abogados para luchar contra tu extradición.
-Cuando me ayudaste lo único que pensé fue en salvar la vida. Cuando me vi seguro con una nueva identidad comprendí que nunca dejaría de ser Piotr y que tenía que luchar por ello. Como tengo dinero busqué a los mejores para que me defendieran.
-¿Te ha ido todo bien?
-Sí. Conseguí certificados de los bancos suizos en los que negaban las transacciones de dinero a Brondaria de las que me acusaban. Al bufete de abogados les di poderes para que me representasen y negociar mantenerme fuera de prisión mientras duraran las vistas. Fue idea de ellos decirle al juez que mi intención de pedir la nacionalidad española en cuanto se cumpliesen los 12 años de residencia continuada en España.
-No sabes cómo me alegro.
-Cuando se decretó la paralización de la orden de extradición volví a la empresa como Piotr. En esas fechas los servicios secretos españoles habían solicitado que se dejase de extraditar a Brondaria. Esas extradiciones se aprobaron cuando se independizó mi país ya que vinieron a España varios grupos de delincuentes organizados. Aquí los políticos y jueces decidieron que era preferible quitárselos de en medio antes que dejarlos en cárceles españolas. Ahora la ausencia de una democracia real allí y casos como el de Alex han hecho que se revisen los tratados de extradición.
-En mi caso las cosas no han ido tan bien.
-No te quejes. No vas a ir a la cárcel.
-Aunque no vaya. ¿Qué voy hacer?
-Querido amigo. Eres la persona que se jugó todo lo que tenía por salvarme la vida sin conocerme. Puedes contar conmigo y te voy a ayudar.
-Te agradezco tus palabras Piotr pero yo era un policía y no he trabajado de otras cosas. Yo no serviría para trabajar en lo que tú haces. No quiero que me tengas que mantener como una carga. Está claro que no volveré a ser policía, pero quiero hacer algo que me motive y que sepa de qué va.

Piotr se quedó sonriendo y me dijo.   

-Tengo que contarte lo que pasó cuando dejamos de hablarnos por teléfono. Recibí un aviso de mi hermana que le habían detectado un cáncer a mi madre. La persona que más quería del mundo podría morir sin poder ni ayudarla, ni verla ni abrazarla. No me lo pensé y decidí volver a Brondaria.
-¿Te la jugaste y volviste?
-Sí. Tú me enseñaste a jugar fuerte. Te cuento como lo organice. Mi país sólo tiene dos ciudades de tamaño significativo la capital Quisina donde viven mis familiares y Crasnaia, la única población costera donde, como es turística, es fácil llegar a ella tanto en avión como en barco.  Hay cruceros veraniegos por el mar Negro que paran allí. Así que organice un encuentro con mi hermana y mi madre en un hotel de Crasnaia.
-Me pica la curiosidad ¿Cómo lo hiciste?
-Lo hiciste tú. Me conseguiste un DNI español. Yo sólo tuve que sacarme un pasaporte español con ese DNI y viajar como si fuera Ángel a mi propio país. Les reservé a ellas alojamiento en el mismo hotel donde había reservado yo mis vacaciones por el mar Negro. Como viajo mucho a Suiza tengo buenos contactos en una agencia de viajes que me consiguió lo que necesitaba.
-Los servicios secretos podrían estar esperando que aparecieras por el hotel.
-Tomé precauciones. Nunca me acerqué a la habitación de mi madre y mi hermana. Eran ellas las que venían a la suite que había reservado.
-¿Por qué me cuentas todo esto?
-Por lo que pasó en el reencuentro. Hablamos de toda la familia. De lo duro que es vivir ahora en Brondaria. De mi hijo y mi ex que se niega a dejármelo ver. Pero también hablamos de ti.
-¿De mí?
-Les conté lo importante que eres en mi vida y que estoy vivo gracias a ti. De la persona que más hablamos fue del Inspector García. Les conté cómo me habías salvado y lo que te jugaste al hacerlo. Mi madre me hizo prometerle que jamás dejase que te pasara algo malo.
-Veo que lo estás cumpliendo.
-Sí, pero aún no he acabado.
-¿De contarme lo que paso o de ayudarme?
-De las dos cosas. –dijo Piotr riendo- Por acabar con el viaje te diré que además de pagar con mi tarjeta de una de las cuentas suizas los gastos de ellas en el hotel le dejé la tarjeta bancaria a mi hermana. Con ella estamos pagando la mejor asistencia médica privada de República de Brondaria para tratar a mi madre.
-¡Qué bueno!
-Y con respecto a seguir ayudándote tengo algo que ofrecerte. Recuerda el dicho que cuando se cierra una puerta se abre una ventana.
-¿En qué has pensado?  –dije muy interesado-
-Ahora que voy a ser español no voy a seguir manteniendo cuentas en Suiza. Me he comprometido a traer todo mi dinero a España y pienso invertirlo.
-¿En qué?
-En negocios que necesiten buenos comerciales como los que tengo en mi empresa. El primero de ellos será una compañía de seguridad privada en la que te necesito para que la dirijas ¿Si es para esa misión estás dispuesto en trabajar conmigo?

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