miércoles, 8 de abril de 2020

Fermin corregido (Versión semi-final)

por José Luis Romero


Fermín era el tonto de la clase en el colegio. No se puede llamar acoso escolar a lo que le hacían los compañeros porque en aquella época nadie lo llamaba así. En clase unos pocos se dedicaban a burlarse de él y al resto nos resultaba indiferente. Siempre respondía a las burlas con su silencio y enrojeciendo su cara de forma alarmante. Quizá fue por su aspecto fofo y regordete, quizá porque nunca decía nada ni se quejaba el caso es que nunca vi que nadie le pegara.

En el recreo siempre se sentaba solo, con su bocadillo mientras los demás jugábamos al fútbol con una pelota de papel o a perseguirnos con el "tú la llevas" 

Fue toda una sorpresa encontrarlo en la Facultad de Medicina. Como hijo de panaderos me lo imaginaba trabajando en el negocio familiar ya que nunca había sacado notas brillantes. Me sorprendió verlo en la Universidad y, más aún, que lograse pasar el corte de los exámenes de selectividad. Además era especialmente complicado el acceso a la facultad que yo había elegido.
Mi relación con él fue cordial. Lo saludaba como ex-alumnos que éramos del mismo colegio pero no hice amistad con él. Pocas veces hablamos entre las clases ya que ninguno de los dos quería compartir los recuerdos de nuestro pasado. 

Él, a duras penas, logró acabar la carrera cuando yo estaba acabando el MIR de médico rehabilitador.  
Le perdí la pista durante algún tiempo hasta que me enteré de que lo acababan de nombrar Consejero de Sanidad tras las elecciones al gobierno de la Comunidad Autónoma. Enseguida juzgué que la decisión había sido un gravísimo error del partido político en el poder. 

Estaba verdaderamente sorprendido, pero mi sorpresa aún fue mayor cuando, días más tarde, acabando la consulta me llamó el director del hospital para que me presentara en su despacho en cuanto acabara con mis pacientes. 

Me comunicó que el nuevo Consejero de Sanidad había preguntado por mí y que requería mi presencia en la sede de la Consejería al día siguiente.

A mi llegada encontré a otros médicos de mi misma promoción. Nos fuimos presentando y pudimos comprobar que no había ninguna especialidad médica ni ningún hospital con dos representantes.  Fermín nos recibió a todos juntos. Nos alabó por nuestro recorrido profesional y nos contó su verdadera intención para con nosotros. Pretendía que fuéramos sus asesores sin dejar de trabajar en los hospitales donde estábamos destinados. La forma legal para hacerlo era crear un equipo consultivo del cual formaríamos parte sólo los presentes en la reunión.

Sentía que su pretensión era saber de primera mano lo que estaba sucediendo en los hospitales y que no se fiaba nada de los directores generales que su partido estaba colocando en la Consejería, políticos con mucha historia en el partido. Para que ninguno se echara atrás la pertenencia a este equipo consultivo estaba especialmente bien remunerada. Con una o dos reuniones mensuales casi doblábamos el sueldo. Ninguno de los presentes renunció a aquella bicoca.

La cordialidad fue patente en las primeras reuniones. Al principio nos pidieron que les informásemos de las mejoras que se podían hacer en los hospitales de donde proveníamos. De las propuestas que yo llevé, supervisadas por mi director de hospital, enseguida hicieron caso a las dos que apenas costaban dinero, del resto nada de nada. 

En el hospital los compañeros empezaron a pensar que yo era del partido gobernante. Yo lo desmentía diciendo que siempre había pasado de la política. En principio no me importaron demasiado sus insinuaciones, pero las cosas cambiaron ese mismo año.

Como dice el viejo refrán "nadie da duros a cuatro pesetas". Poco a poco las reuniones del equipo consultivo dejaron de ser cordiales. Empezaron a pedirnos información que no tenía que ver con la Sanidad. Las preguntas sobre qué médicos estaban en contra de la Consejería me hicieron sentirme fuera de lugar. Me abstuve de presentar ningún informe al respecto. Lo justifiqué diciendo que en el hospital me consideraban del partido y ningún médico hablaba mal de la Consejería delante de mí.

Los problemas serios empezaron con una medida especialmente polémica de la Consejería. Decidieron implantar como obligatoria la vacuna contra el papiloma humano en todas las adolescentes. El coste lo asumiría íntegramente la Consejería. Hubo detractores en todos los hospitales, pero fue el compañero de la promoción que representaba a los pediatras quien se mostró especialmente duro dentro del equipo. Defendió que era un coste desproporcionado y además comprado íntegramente a una única empresa farmacéutica, que los estudios realizados demostraban que la fiabilidad de la vacuna era extremadamente baja y que los efectos secundarios podían ser muy graves.

En la siguiente reunión no hubo ningún representante de pediatría. Fermín nos informó de la dimisión de nuestro compañero. Su cara se puso igual de roja como se le ponía en el colegio cuando dijo la palabra "dimisión".

Lo que sucedió en el mes siguiente dio la razón al pediatra. Unas cuantas niñas tuvieron que ser hospitalizadas tras la vacuna y dos de ellas acabaron en cuidados intensivos. La siguiente reunión del equipo tenía el aspecto de un funeral. Casi nadie hablaba. Nos limitábamos a contestar lo más escuetamente posible las preguntas que Fermín nos hacía. Cuando acabó la reunión todos se marcharon rápidamente y yo aproveché para quedarme a solas con Fermín.

-Fermín nos conocemos desde hace demasiado tiempo y quisiera comentar algunas cosas contigo, al margen del equipo consultivo ¿Podemos hablar ahora?

Se quedó mirándome fríamente y luego su gesto cambió. Me dijo que sí pero que debía hacer un par de llamadas. Tras quince minutos de espera salió de su despacho y me invitó a cenar.

En el restaurante se desahogó. Me contó que si estaba en política era porque su padre era un antiguo y bien considerado militante del partido. Que él lucho por ser médico para que su padre no le obligara a seguir con el viejo negocio familiar que, para su descanso, había acabado en manos de su hermana menor. Que fue su padre quien lo afilió y quien hizo presión para que ocupase un puesto de responsabilidad.

Cuando le pregunté cómo había llegado tan alto sin haber ocupado nunca otros cargos en el partido volvió a sorprenderme, esta vez con su sinceridad.

-Estoy donde estoy porque era la única persona que mantenía el equilibrio dentro de las familias del partido. Yo era y soy un don nadie facilmente manipulable por sus directores generales. Por eso creé el equipo consultivo y por eso no hay ningún director general dentro de ese equipo.

Me quedé boquiabierto. No me lo esperaba y me di cuenta que nunca había conocido a Fermín porque nunca me había acercado a él. Ante mi silencio prosiguió.

-La burrada de las vacunas procede del Director General de Farmacia y productos sanitarios. Tiene vínculos a través de la cuñada de su mejor amigo con la empresa farmacéutica que se ha quedado el contrato de las vacunas. Empresa que, por otra parte, financia generosamente al partido.

-¿Lo vas a denunciar?
-No tengo pruebas, sólo indicios.
-¿Por qué no dimites?
-No es tan fácil. Nada más salir lo de las hospitalizaciones de las niñas me llamó el Presidente para decirme que todo el gobierno y el partido están conmigo y que me van a defender a capa y espada. Lo que traducido fuera del ámbito político quiere decir que tú no te mueves de ahí.
-En cualquier caso, cuando se enfríe la situación, te irás.
-No creo que me dé tiempo. En el partido ya estarán buscando quien me sustituya. Serán ellos quien me digan cuándo he de presentar la dimisión. Esto funciona así. No me dejan moverme ahora para que yo cargue con la responsabilidad y, cuando todo haya pasado, vendrá quien me sustituya. No tendrá que dar la cara por toda esta mierda.
-¿Cuándo crees que te van a sustituir?
-Cuando las vacunas ya no hagan ruido en los medios de comunicación. Antes ningún sustituto querría ocupar mi sitio.
-Me he quedado sin palabras.
-Esto es la política. Cuanto más arriba llegas más fuerte es la caída. Nunca debí haber aceptado este puesto. Me hicieron creer que estaba capacitado y mi padre fue el que más me empujó para que lo aceptara. ¡Se siente tan orgulloso de mí!

Tras pensar un momento en lo que me estaba contando noté que había algo no me cuadraba. Le pregunté abiertamente.

-Me extraña mucho que me hayas contado todo esto a mí ¿No tienes amigos a quién contárselo?
-Sabes que no hice amigos en el colegio. Estando en la Universidad entré en el partido. Mis amigos son del partido y no pretendo mover nada dentro del partido. Además creo que más de uno me traicionaría.

Me sentí mal por él. Me di cuenta de dónde me había metido al aceptar ser miembro del Equipo Consultivo. Para toda la Consejería de Sanidad yo era ahora un hombre de confianza de Fermín por lo que, cuando él ya no estuviese en el cargo, yo sería un hombre en el que no se podría confiar.

 En esos pocos meses como miembro del Equipo consultivo se había empezado a hablar de hacerme un hueco en la dirección técnica del hospital. Un puesto equivalente al número dos del escalafón. Me podía despedir de ello. Por una parte me hacía mucha ilusión ya que mi ascenso en el Servicio de Rehabilitación era muy difícil teniendo varios buenos especialistas por delante de mí. Por otra parte me sentía descolocado en la dirección del hospital. No era lo mío. Yo, desde niño, solo había querido ser médico.

 Era el momento de olvidarme de mí y centrarme en Fermín. Son gajes de mi oficio siempre te preocupas por la persona que tienes enfrente. Quería ayudarle pero no sabía cómo hacerlo. Me acordé de mi mujer y se me ocurrió algo que decirle a Fermín.

 -Permíteme que te hable de lo que más daño te está haciendo.
-¿De qué?
-De cómo vives la relación con tu padre.

Le cambió la cara. Me miró con odio y dijo:

-¿Qué tienes que decirme de mi padre? -dijo con la cara enrojecida-
-Nada. No lo voy a juzgar. Él ha hecho lo que ha considerado mejor para su hijo. Es tu forma de relacionarte con él lo que te hace daño.

Ahora fui yo quien le sorprendió.

-¿Tú eres médico o psicólogo?
-Mi mujer es psicóloga y está haciendo su tesis doctoral con datos de mi servicio. Está estudiando la respuesta de los enfermos en relación a sus relaciones personales. No lo típico de las relaciones conflictivas sino lo que ella llama las relaciones tóxicas.
-¿Qué te hace pensar que tengo una relación tóxica con mi padre?
-Tu padre ha dirigido toda tu vida. En apenas unos minutos que me has hablado él ha estado presente en todas las decisiones importantes que has tomado. No me extrañaría que una de las llamadas de teléfono que has hecho mientras te esperaba en la Consejería haya sido a tu padre.
La cara de Fermín se volvió a enrojecer mientras yo proseguí.
 -Y ahora la pregunta más importante que puedes hacerte para saber si la relación con tu padre es tóxica o no ¿Cuántas de las decisiones importantes han sido verdaderamente tuyas?
 Tras un rato no demasiado largo de silencio me dijo que ninguna. Que de varias de ellas se sentía verdaderamente arrepentido. Consideró la peor de todas haberse metido en política. 

 Me pidió pasar consulta con mi mujer de la forma más discreta posible. Debido a la apretada agenda de un consejero autonómico le fastidié los sábados por la mañana a Irene. Ella no se quejó. Quizá esa fuera la única ocasión en su vida de atender a un político de ese nivel.

 En los siguientes meses la batalla de las vacunas se extendió a todas las comunidades autónomas. El nombre de Fermín pasó a un segundo plano y la firme defensa de su partido del uso obligatorio de las vacunas puso en primera línea de la prensa a la Ministra de Sanidad.

Entre tanto Fermín realizó cambios en la cúpula de la Consejería. Acabó, con el beneplácito de sus directores generales, con el equipo consultivo pero me pidió que dejara provisionalmente mi puesto de trabajo para ser su asesor personal.

Se encargó de hacer público que procedíamos del mismo colegio y que éramos amigos desde la infancia. Esta información fue validada por la prensa.

Las consultas con Irene estaban ayudando mucho a Fermín.  Estaba consiguiendo una transformación personal significativa. Lo primero que aprecié fue que ya no se ponía rojo en público.  Fermín empezó a tomar decisiones de forma sosegada y sin consultarlas con su padre. Ni que decir tiene que su padre pasó a considerarme su peor enemigo político y eso que yo no me afilié al partido. Les dejé muy claro que mi puesto de asesor lo abandonaría cuando el Consejero lo decidiera o cuando Fermín dejara de serlo.

En poco tiempo mi trabajo con Fermín me hizo aprender muchas cosas del funcionamiento de la Consejeria que desconocía y sobre todo me hizo conocer a Fermín. No era la persona enganchada al poder que había imaginado cuando me enteré de su nombramiento. Me escuchaba y aceptaba mis consejos. Nos tuvimos que enfrentar casi todos los días a nuevos problemas. Muchos días pasábamos más de 12 horas juntos.

Un buen día Fermín, tras la reunión semanal del Gobierno de la Comunidad Autónoma, me dijo que nos iríamos a comer juntos a su casa. Allí, sin posibilidad que nadie más nos oyera, me dijo:

 -Dejaré la Consejería en breve. Lo he hablado con el presidente y ya tienen un sustituto para mí.

Me esperaba que Fermín no siguiera en el gobierno toda la legislatura pero no que se fuera tan pronto y le dije

-Yo volveré a mi trabajo, pero ¿Tú dónde irás? Dejaste tu consulta de medicina general en un hospital privado que ya no existe.
-Eso le he planteado al Presidente y me ha dicho que no me va a dejar en la estacada, que le pidiera lo que quisiera.
-No me dejes en ascuas. Cuéntame.
-Le he pedido que me ayude a irme a Extremadura. Que quiero ser médico de pueblo donde nadie quiera ir.

Fermín no había perdido su capacidad de sorprenderme. Volví a quedarme sin palabras y el prosiguió:

 -Ya lo tenía hablado con Irene. Es una de las cosas que me hizo trabajar más. Decidir lo que quiero hacer con mi vida sin que nadie más intervenga en la decisión. Como imaginarás mi padre no lo sabe y se enterará de ello cuando ya esté de camino. 

Fermín no se fue de vacío. Antes de irse y aprovechando una directriz de la Consejería de Hacienda normalizó el gasto de cada dirección general. Así quien había tenido un incremento de gasto un año al siguiente tendría una disminución. La Dirección General de Farmacia y productos sanitarios tendría serios problemas incluso para pagar el gasto farmacéutico corriente. El próximo político al que mirarían mal sería al que ocupase esa dirección general.

La citada directriz le sirvió para más cosas. Limitó el gasto máximo en dietas y desplazamientos de todos los cargos públicos de la Consejería y bloqueó la posibilidad de que los pudieran subir. Fui yo el culpable de ello. Le explique a Fermín que la mejor forma que quien viniera detrás no pudiera desbloquearlo era gastarse el dinero disponible. Le recomendé como hacerlo y conseguí que se ocuparan casi todas las vacantes de médico existentes en la región. El equipo médico de mi hospital me recibió como un héroe a mi regreso a la consulta externa de Rehabilitación.

No fue todo alegría y buen rollo. Al día siguiente de la toma de posesión del nuevo Consejero de Sanidad. Me comunicaron por escrito que dejaba de hacer guardias. Ese era el único ingreso extra  que tenía además de mi sueldo básico de médico. Estaba pagando un precio muy alto por haber sido el asesor del anterior consejero.  Pensé que  si me habían quitado todo lo que podían de golpe era porque no podían despedirme al tener la plaza en propiedad.

Me puse en contacto con el director del hospital que esperaba mi visita. Fue muy parco en palabras pero tambien muy claro.

-Órdenes son órdenes.
-¿Vienen de muy arriba?
-De lo más alto.

El domingo siguiente a mi recorte laboral, día en el que habría tenido guardia, Irene y yo decidimos salir a pasear y tomar un cerveza en una terraza. Nos sentamos en una mesa donde estaba el periódico regional de ese día. La portada hablaba de la caída del Consejero de Sanidad al que consideraban un globo que habían inflado para subirlo a Consejero y que había explotado.

Tras leer los dos la noticia Irene me dijo:

-¿Qué te parece la noticia?
-Aunque tienen razón me parece que tratan de forma injusta a Fermín. Y me alegro de no salir en la noticia viendo cómo lo han tratado.
-Para mí es totalmente cierta la primera parte de la noticia. Él era un globo al que habían hinchado pero Fermín no ha explotado. Lo lanzaron hacia arriba como a un globo, pero no lo pincharon.  Cayó despacio y llegó suavemente al suelo. El mundo de la política es como el mundo del espectáculo. Los que entran en él son lanzados hacia arriba con fuerza y poco a poco caen. No llegan al suelo si los vuelven a impulsar. Pero al final todos caen, todos caemos de una forma u otra.
-Muy poético lo que dices Irene pero ¿Por qué consideras que no ha explotado como dice el periódico?
-Porque no aceptó proseguir. No fue el Presidente Regional el que impuso al sustituto, fue él quien lo buscó. Con las aguas calmadas no les interesaba a los del partido que se fuera. Había sabido capear el temporal.
-¡No me dijo nada de eso!
-Yo le dije que no se lo contara a nadie y veo que me hizo caso. Tenía que romper con su pasado. Se ha dejado aquí a su padre, sus bienes y hasta la medio novia que tenía que también es del partido.
-Pero ha sido el partido quien le ha abierto la puerta de irse a Extremadura.
-Es lo que le cobra por los servicios prestados. Me dijo que cuando tenga en propiedad la plaza de médico se dará de baja.
-Me parece que voy a hacer todo lo posible para que el director de mi Hospital pase consulta contigo.

 Nos reímos un rato y luego insistí en el tema. No suelo meterme en el trabajo de Irene, pero hablando de Fermín yo también estaba interesado. Ella lo entendió y se permitió contarme cosas.

-Me parece que la marcha de Fermín se asemeja más a una huida hacia adelante que a otra cosa.
-No es una huida hacia adelante, es una ruptura de cadenas. Fermín nunca vivió su vida. Ni tan siquiera de niño con la pandilla de impresentables que tenía por compañeros –dijo mirándome con desdén y prosiguió- Siempre se sintió solo y se dejó arrastrar por su padre primero y por el partido después.
-¿Cómo es posible dejarse arrastrar por un partido si nunca has comulgado con su ideología? Como en el caso de Fermín.
-El partido fue el primer grupo no familiar en su vida en el que fue aceptado. Allí se sentía cómodo y no fallaba ni a los mitines ni a las reuniones por pesadas que estas fueran. En el partido si bien no lo veían brillante lo veían fiel y lo consideraban de los suyos. Nunca le habían tenido en consideración hasta entonces.
-Si es el único punto en el que se podía apoyar fuera de la familia ¿Por qué lo va a dejar ahora?
-Por que por fin ya empezado a considerarse a sí mismo como un ser válido y ha dejado de necesitar apoyos externos.
-Aún así me extraña su ruptura con Rita. Aunque ella sea del partido una cosa son los amores y otra como se sentía con el partido.
-En los amores de partido priman muchas veces los intereses. Al principio era Fermín quien iba detrás de Rita sin que esta le hiciera mucho caso, pero en cuanto fue nombrado Consejero de Sanidad la situación dió la vuelta como una tortilla. Como comprenderás esto mosqueó mucho a Fermín, pero como a él le gustaba mucho la chica se aprovechó de su momentaneo interés y enrrolló con ella. Ahora que se va a un pueblecito de Extremadura hace bien en romper él. Ella busca otro tipo de vida y en poco tiempo habría sido ella quien hubiera roto la relación.
-¿Por qué eligió Extremadura?
-El está empezando a considerarse válido y para que esto cuaje sentía que tenía que irse a un pueblo donde lo recibieran de entrada con los brazos abiertos. No eligió especificamente Extremadura. Estuvo un par de semanas mirando destinos vacantes en distintas regiones con poca densidad demográfica. Eligió primero el pueblo y luego se movió para pedir ese destino.

Como me estaba pasado muy a menudo desde que Fermín entró en mi vida de verdad volví a quedarme sorprendido y sin palabras lo que aprovecho Irene para decirme

-Además estábamos invitados para ir a Cilleros, el pueblo donde ha conseguido que lo destinen. Nosotros tenemos el honor de ser lo único que quería conservar de su tierra natal. 

En ese momento me di cuenta que, pese que a la faena que me habían gastado en el hospital por haber trabajado para él,  me sentía orgulloso de ser el amigo del tonto de la clase.

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