José Luis
FERMÍN
Fermín
era el tonto de la clase en el colegio. No fue acoso escolar lo que le hacían
los compañeros porque en aquella época nadie lo llamaba así. En clase unos
pocos se dedicaban a burlarse de él y para el resto nos era indiferente.
Siempre respondía a las burlas con su silencio y enrojeciendo su cara de forma
alarmante. Quizá fue por su aspecto fofo y regordete, quizá porque nunca decía
nada ni se quejaba el caso es que nunca vi que nadie le pegara.
En el
recreo siempre se sentaba sólo con su bocadillo mientras los demás jugábamos al
fútbol con una pelota de papel o a perseguirnos con el "tú la llevas"
Fue
toda una sorpresa encontrarlo en la Facultad de Medicina. Como hijo de
panaderos me lo imaginaba trabajando en el negocio familiar ya que nunca había
sacado notas brillantes. No podía imaginármelo en la Universidad y, menos aún,
que lograse pasar el corte de los exámenes de selectividad. Además era
especialmente complicado el acceso a la facultad que yo había elegido.
Mi
relación con él fue cordial. Lo saludaba como ex-alumnos que éramos del mismo
colegio pero no hice amistad con él. Pocas veces hablamos entre las clases.
Ninguno de los dos quería hablar de los recuerdos que podríamos compartir.
Él, a
duras penas, logró acabar la carrera. Yo estaba acabando el MIR de médico
rehabilitador cuando él finalizó sus estudios.
Le
perdí la pista durante algún tiempo hasta que me enteré que lo acababan de
nombrar Consejero de Sanidad tras las elecciones al gobierno de la Comunidad
Autónoma. Enseguida juzgué que la decisión había sido un gravísimo error del
partido político que había ganado.
Estaba
verdaderamente sorprendido, pero mi sorpresa aún fue mayor cuando, días más
tarde, acabando la consulta me llamó el director del hospital para que me
presente en su despacho en cuanto acabase con todos los pacientes.
Me
comunicó que el nuevo Consejero de Sanidad había preguntado por mí y que
requería mi presencia en la sede de la Consejería al día siguiente.
A mi
llegada encontré a otros médicos de mi misma promoción. Nos fuimos presentando
y pudimos comprobar que no había ninguna especialidad médica ni ningún hospital
con dos representantes. Fermín nos
recibió a todos juntos. Nos alabó por nuestro recorrido profesional y nos contó
su verdadera intención para con nosotros. Pretendía que fuéramos asesores suyos
sin dejar de trabajar en los hospitales donde estábamos destinados. La forma
legal para hacerlo era crear un equipo consultivo del cual formaríamos parte
sólo los presentes en la reunión.
Sentía
que su pretensión era saber de primera mano lo que estaba sucediendo en los
hospitales y que no se fiaba nada de los directores generales que su partido
estaba colocando en la Consejería que, claramente, era políticos con mucha
historia en el partido. Para que ninguno se hiciese atrás la pertenencia a este
equipo consultivo estaba especialmente bien remunerada. Con una o dos reuniones
mensuales casi doblábamos el sueldo. Ninguno de los presentes renunció a
aquella bicoca.
La
cordialidad fue patente en las primeras reuniones. Al principio nos pidieron
que les informásemos de las mejoras que se podían hacer en los hospitales de
donde proveníamos. De las propuestas que yo llevé, supervisadas por mi director
de hospital, enseguida hicieron caso a las dos que apenas costaban dinero, del
resto nada de nada.
En el
hospital los compañeros empezaron a pensar que yo era del partido gobernante.
Yo lo desmentía diciendo que siempre había pasado de la política. Lo cierto fue
que bien no me creían o bien me consideraban simpatizante del partido. En
principio no me importó demasiado esa creencia, pero las cosas cambiaron ese
mismo año.
Poco
a poco las reuniones del equipo consultivo dejaron de ser cordiales. Como dice
el viejo refrán "nadie da duros a cuatro pesetas". Empezaron a
pedirnos información que no tenía que ver con la Sanidad. Las preguntas sobre
qué médicos estaban en contra de la Consejería me hicieron sentirme fuera de
lugar. Me abstuve de presentar ningún informe al respecto. Lo justifiqué
diciendo que en el hospital me consideraban del partido y ningún médico hablaba
mal de la Consejería delante de mí.
Los
problemas serios empezaron con una medida especialmente polémica de la
Consejería. Decidieron implantar como obligatoria la vacuna contra el papiloma
humano en todas las adolescentes. El coste de la vacuna lo pagaría íntegramente
la Consejería. Hubo detractores en todos los hospitales, pero fue el compañero
de la promoción que representaba a los pediatras quien se manifestó especialmente
duro dentro del equipo. Defendió que era un coste desproporcionado comprado íntegramente
a una única empresa farmacéutica, que los estudios realizados demostraban que
la fiabilidad de la vacuna era extremadamente baja y que los efectos secundarios
podían ser muy graves.
En la
siguiente reunión no hubo ningún representante de pediatría y Fermín nos
informó de la dimisión de nuestro compañero. Su cara se puso igual de roja como
se le ponía en el colegio cuando dijo la palabra "dimisión".
Lo
que sucedió en el mes siguiente dio la razón al pediatra. Unas cuantas niñas
que tuvieron que ser hospitalizadas tras la vacuna y dos de ellas acabaron en
cuidados intensivos. La siguiente reunión del equipo tenía el aspecto de un
funeral. Casi nadie hablaba y nos limitábamos a contestar lo más escuetamente
posible las preguntas que Fermín nos hacía. Cuando acabó la reunión todos
trataron de irse rápidamente y yo aproveché para quedarme a solas con Fermín.
-Fermín
nos conocemos desde hace demasiado tiempo y quiero aclarar cosas contigo fuera
del equipo consultivo ¿Podemos hablar ahora?
Se
quedó mirándome fríamente y luego su gesto cambió. Me dijo que sí pero que
debía hacer un par de llamadas. Tras quince minutos de espera salió de su
despacho y me invitó a cenar.
Ya en
el restaurante se desahogó conmigo. Me contó que si estaba en política era
porque su padre era un antiguo y bien considerado militante del partido. Que él
lucho por ser médico para que su padre no le obligara a seguir con el viejo
negocio familiar que, para su descanso, había acabado en manos de su hermana
menor. Que fue su padre quien lo afilió y quien hizo presión para que ocupase
un puesto de responsabilidad.
Cuando
le pregunté cómo había llegado tan alto sin haber ocupado nunca otros cargos en
el partido volvió a sorprenderme, esta vez con su sinceridad.
-Estoy
donde estoy porque era la única persona que mantenía el equilibrio dentro de
las familias del partido. Yo era y soy un don nadie que iba a ser y está siendo
manipulado por sus directores generales. Por eso creé el equipo consultivo y
por eso no hay ningún director general dentro de ese equipo.
Me
quedé boquiabierto. No me lo esperaba y me di cuenta que nunca había conocido a
Fermín porque nunca me había acercado a él. Ante mi silencio prosiguió.
-La burrada de las vacunas procede del Director General de Farmacia y
productos sanitarios. Tiene vínculos a través de la cuñada de su mejor amigo
con la empresa farmacéutica que se ha quedado el contrato de la vacunas.
Empresa que, por otra parte, financia generosamente al partido.
-¿Lo vas a denunciar?
-No tengo pruebas, sólo indicios.
-¿Por qué no dimites?
-No es tan fácil. Nada más salir lo de las hospitalizaciones de las niñas
me llamó el Presidente para decirme que todo el gobierno y el partido están
conmigo y que me van a defender a capa y espada. Lo que traducido fuera del ámbito
político quiere decir que tú no te mueves de ahí.
-En cualquier caso cuando se enfríe la situación te irás.
-No creo que me dé tiempo. En el partido ya estarán buscando quien me
sustituya. Serán ellos quien me digan cuando he de presentar la dimisión. Esto
funciona así. No me dejan moverme ahora para que yo cargue con la
responsabilidad y, cuando todo haya pasado, vendrá quién me sustituya que no
tendrá que dar la cara por toda esta mierda.
-¿Cuándo crees que te van a sustituir?
-Cuando las vacunas ya no hagan ruido en los medios de comunicación. Antes
ningún sustituto querría ocupar mi sitio.
-Yo quería cuestionarte cosas que se estaban produciendo en el Equipo
consultivo y mi continuidad en él, pero con lo que has contado me he quedado
sin palabras.
-Esto es la política. Cuanto más arriba llegas más fuerte es la caída.
Nunca debí haber aceptado este puesto. Me hicieron creer que estaba capacitado
y mi padre fue el que más me empujó para que lo aceptara. ¡Se siente tan
orgulloso de mí!
Me sentí mal por él. Me di cuenta que si me contaba todo a mí era porque no
tenía a nadie más a quién contárselo. De paso me dí cuenta donde me había
metido al aceptar ser miembro del Equipo Consultivo. Para toda la Consejería de
Sanidad yo era ahora un hombre de confianza de Fermín por lo que, cuando él ya
no estuviese en el cargo, yo sería un hombre en el que no se podría confiar.
En esos pocos meses como miembro del Equipo consultivo se había empezado
hablar de hacerme un hueco en la dirección técnica del hospital. Un puesto
equivalente al número dos del escalafón. Me podía despedir de ello. Por una
parte me hacía mucha ilusión ya que mi ascenso en el Servicio de Rehabilitación
era muy difícil teniendo varios buenos especialistas por delante de mí. Por
otra parte me sentía descolocado en la dirección del hospital. No era lo mío.
Yo, desde niño, había querido ser médico y ahora lo era.
Era el momento de olvidarme de mí y centrarme en Fermín. Esto de ser médico
hace que siempre te preocupes por la persona que tienes enfrente. Quería
ayudarle y no sabía cómo hacerlo. De repente me acordé de mi mujer y se me
ocurrió algo que le hiciera cambiar el pensamiento tan negativo que estaba
sintiendo Fermín.
-Permíteme que te hable de lo que más daño te está haciendo.
-¿De qué?
-De cómo vives la relación con tu padre.
Le cambió la cara. Le había tocado algún tabú. Nunca le había visto ese
gesto.
-¿Que tienes que decirme de mi padre? -dijo con la cara enrojecida-
-Nada. No lo voy a juzgar. Él ha hecho lo que ha considerado mejor para su
hijo. Es tu forma de relacionarte con él lo que te hace daño.
Ahora fui yo quien le sorprendió. No sabía qué contestarme hasta que me
dijo
-¿Tu eres médico o psicólogo?
-Soy médico. Mi mujer es psicóloga y está haciendo su tesis doctoral con
datos de mi servicio. Está estudiando la respuesta de los enfermos en relación
a sus relaciones personales. No lo típico de las relaciones conflictivas si no
lo que ella llama las relaciones tóxicas.
-¿Qué te hace pensar que tengo una relación tóxica con mi padre?
-Tu padre ha dirigido toda tu vida. En apenas unos minutos que me has
hablado lo has puesto presente en todas las decisiones importantes que te han
pasado. No me extrañaría que una de las llamadas de teléfono que has hecho
mientras te esperaba en la Consejería haya sido a tu padre.
La cara de Fermín se volvió a enrojecer mientras yo proseguí.
-Y ahora la pregunta más importante que puedes hacerte para saber si la
relación con tu padre es tóxica o no ¿Cuántas y cuáles de las decisiones
importantes han sido verdaderamente tuyas?
Tras un rato no demasiado largo de silencio me dijo que ninguna. Que de
varias de ellas se sentía verdaderamente arrepentido. Consideró la peor de
todas había sido meterse en política. Para mí lo más importante fue que
reconoció su relación tóxica con el verdadero director de su vida.
Me pidió pasar consulta con mi mujer de la forma más discreta posible.
Debido a la apretada agenda de un consejero autonómico le fastidié los sábados
por la mañana a Irene. Ella no se quejó. Quizá esa fuera la única ocasión en su
vida de atender a un político de ese nivel.
En los siguientes meses la batalla de las vacunas adquirió forma en todas
las comunidades autónomas. El nombre de Fermín pasó a un segundo plano y la
firme defensa de su partido del uso obligatorio de las vacunas puso en primera
línea de la prensa a la Ministra de Sanidad.
Las consultas con Irene estaban ayudando mucho a Fermín. Estaba
consiguiendo una transformación personal significativa. Lo primero que aprecié
fue que ya no se ponía rojo en público. Era especialmente conocedor de esa
faceta ahora que se había liquidado el equipo consultivo y yo había dejado
provisionalmente mi puesto de trabajo para ser asesor personal del Consejero de
Sanidad.
Tanto en mi hospital como en la Consejería se corrió la voz que procedíamos
del mismo colegio y que éramos amigos desde la infancia. Esta información llegó
a la prensa y la dieron por válida desde el primer momento. Además el colegio
confirmó públicamente que hicimos todo el bachillerato juntos.
Fermín empezó a tomar decisiones de forma sosegada y sin consultarlas con
su padre. Ni que decir tiene que su padre pasó a considerarme su peor enemigo
político y eso que yo no me afilié al partido. Les dejé muy claro que mi puesto
de asesor lo abandonaría cuando el Consejero lo decidiera o cuando Fermín
dejara de serlo.
Un buen día Fermín tras la reunión semanal del Gobierno de la Comunidad
Autónoma me dijo que nos iríamos a comer juntos a su casa. Allí, sin
posibilidad que nadie más nos oyera, me dijo:
-Ya ha llegado el momento de partir
-¿A dónde?
-Dejo la Consejería. Lo he hablado con el presidente y ya tienen un
sustituto para mí
-Yo volveré a mi trabajo, pero ¿Tú dónde irás? Dejaste tu consulta de
medicina general en un hospital privado que ya no existe.
-Eso le he planteado al Presidente y me ha dicho que no me va a dejar en la
estacada, que le pidiera lo que quisiera.
-No me dejes en ascuas. Cuéntame
-Le he pedido que me ayude a irme a Extremadura. Que quiero ser médico de
pueblo donde nadie quiera ir.
Fermín no había perdido su capacidad de sorprenderme. Volví a quedarme sin
palabras y el prosiguió:
-Ya lo tenía hablado con Irene. Es una de las cosas que me hizo trabajar
más. Decidir lo que quiero hacer con mi vida sin que nadie más intervenga en la
decisión. Como imaginarás mi padre no lo sabe y se enterará de ello cuando ya
esté de camino.
Fermín no se fue de vacío. Antes de irse y aprovechando una directriz de la
Consejería de Hacienda normalizó el gasto de cada dirección general. Así quien
había tenido un incremento de gasto un año al siguiente tendría una
disminución. La Dirección General de Farmacia y productos sanitarios tendría
serios problemas incluso para pagar el gasto farmacéutico corriente. El próximo
político al que mirarían mal sería al que ocupase esa dirección general.
../..
Ese domingo Irene y yo compramos el periódico regional. La portada hablaba
de la caída del Consejero de Sanidad al que consideraban un globo que habían
inflado para subirlo a Consejero y que había explotado.
Tras leer los dos la noticia Irene me dijo:
-Es totalmente cierta la primera
parte de la noticia él era un globo al que habían hinchado pero Fermín no ha
explotado. Lo lanzaron hacia arriba como a un globo, pero no lo pincharon. Cayó despacio y llegó suavemente al suelo. El
mundo de la política es como el mundo del espectáculo. Los que entran en él son
lanzados hacia arriba con fuerza y poco a poco caen. No llegan al suelo si los
vuelven a impulsar. Pero al final todos caen, todos caemos de una forma u otra.
-Muy poético lo que dices Irene
pero ¿Por qué consideras que no ha explotado como dice el periódico?
-Porque no aceptó proseguir. No
fue el Presidente Regional el que impuso al sustituto, fue él quien lo buscó.
Con las aguas calmadas no les interesaba a los del partido que se fuera. Había
sabido capear el temporal.
-¡No me dijo nada de eso!
-Yo le dije que no se lo contara
a nadie y veo que me hizo caso. Tenía que romper con su pasado. Se ha dejado
aquí a su padre, sus bienes y hasta la medio novia que tenía que también es del
partido.
-Pero ha sido el partido quien le
ha abierto la puerta de irse a Extremadura.
-Es lo que le cobra por los
servicios prestados. Me dijo que cuando tenga en propiedad la plaza de médico
se dará de baja.
-Me parece que voy hacer todo lo
posible para que el Director de mi Hospital pase consulta contigo.
Nos reímos un rato y luego me
contó que estábamos invitados para ir a Cilleros, el pueblo donde lo habían
destinado. Nosotros teníamos el honor de ser lo único que quería conservar de
su tierra natal. Empecé a sentirme orgulloso de ser el amigo del tonto de la
clase.
FIN
Bárbara sé que me dijiste que dejara de lado la Corrupción pero... No puedo
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