miércoles, 8 de enero de 2020

Una vuelta a la manzana en vespa


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Corrupción de los adultos con los niños



UNA VUELTA A LA MANZANA EN VESPA Delia

      

          ELLA, UNA NIÑA DE 7 AÑOS VE EN JUAN, EL AMIGO DE SU PADRE, QUE NO ES INVISIBLE PARA ÉL.


La saluda y tiene palabras amables con ella. Al despedirse,  siempre le presiona en la mejilla con los nudillos de sus dedos, incluso con las dos manos. Es un pellizco que no le hace gracia, le hace daño, siempre espera que termine pronto, aunque cree que cada vez dura más. Cuando se lo comenta a su padre, le contesta, que a veces los adultos no calibran la presión de los dedos.

           Siempre se despide de ella con una sonrisa y le da esperanza al decirle:

           - El próximo día, si vengo con más tiempo, te daré una vuelta en la Vespa.

        Pero ese día no llega, ya han pasado muchos días.

         En realidad, le ha dado solo una vuelta a la manzana y ya hace tiempo de eso. Fue una aventura. Se acuerda del día que trajo la vespa por primera vez, para que la viera mi padre.


-Recién sacadita del concesionario, mira Manuel.

Todos salimos a verla, incluidos mi madre y mi hermano. Tan reluciente. Se pararon algunos vecinos que pasaban también a mirarla

Aún creo escuchar el ruido de su motor, cuando Juan giraba el manillar y parecía que iba a salir corriendo con ella.  


De repente, él me miró, alzó y sentó detrás de él. Yo no sabía si gritar, si me iba a caer..., estaba muy contenta. Me había subido a la vespa sin yo pedírselo, sentí que me caía, mis pies no llegaban a ningún lado, a partir de ahí me agarré muy fuerte…, como me pedía él.


Mis manos no abarcaban su cuerpo y el las cogió y las puso más abajo de la barriga para que yo pudiera sujetarme mejor. ¿Quieres que te de una vuelta?. Yo miré a mis padres, mi madre dijo NO, pero mi padre dijo que solo una vuelta y que fuera con mucho cuidado y a mí.


-Agárrate bien hija, no vayas a caerte, te harías mucho daño.


Doblamos la esquina, todos se quedaron de pie mirándonos, yo me sentía importante. Mi pelo largo se hizo todo hacia atrás como en las películas cuando sopla el viento. Él tumbó la vespa un poco hacia un lado, yo creía que me caía y me puse recta, él dijo que me apretara más, que no me enderezara que podía perder el equilibrio, que no iba a dejar que me cayera. 

Y las cuatro esquinas que rodean mi calle, fueron una aventura. 

            Una tarde, Juan aparece en su casa y vuelve a soltar la misma frase

           - El próximo día, si vengo con más tiempo, te daré una vuelta con la Vespa.

Su padre vuelve la mirada hacia su amigo, le sonríe y mientras que su padre recoge la chaqueta para salir, de espalda a ellos, se acerca a la niña y le pide su mano. Ella se la da, y él poniendo la palma hacia arriba, mirándola a la cara le quema con el cigarro.

             Ella sorprendida, grita, llora y sale corriendo hacia su padre.

             - Papá, Juan me ha quemado adrede en la mano con el cigarro.

             Su padre le mira la mano. La manda callar. Intenta convencerla que seguro ha sido sin querer... y que es ella la que se ha tropezado con el cigarro encendido seguro 

–Es que no paras, siempre gesticulando con las manos.

              Y ella sigue llorando, cada vez con más fuerza, ahora de rabia; se mira la mano, el redondel que se ha formado... y que escuece tanto.       

        Su madre entra en ese momento. Observa la situación, sobre todo a la niña que sigue mirando su palma de la mano, llorando.  Se acerca a ella, le coge la mano y le sopla despacio con su boca, dirigiendo el aire a la herida, que ve que es claramente una quemadura.

-¿Qué te ha pasado? 

        La niña entre sollozos le explica lo sucedido. La madre primero mira a Juan, que tiene su eterna sonrisa en la boca, luego a su marido que solo hace intención de junto a Juan salir por la puerta. Y los dos emprenden la huida. La niña ya está en buenas manos

               Mira a Juan que se aleja por la calle junto a su padre en alegre conversación.

                Antes de girar la esquina Juan se vuelve, mirándola sonríe y ella, rompiéndose algo dentro, sin saber qué, escucha en su cabeza, primero la voz de Juan que antes le ha susurrado algo y luego la voz de ella.

                - "Siempre me va a creer a mí, tú eres demasiado pequeña".

                Y, todavía llorando, ahora de rabia, y manteniendo la mirada, se dice. 

                - "Nunca subiré más en tu Vespa, haces trampas".



……cosas que quiero poner

La madre habla por la noche en la cama con el padre, sobre lo que ha pasado, el padre dice que no hay que hacerle caso a la niña, que Juan es un buen hombre, que está solo, que le gustan los niños y que tiene predilección por la hija porque la ve siempre tímida, triste y le gusta provocarle sonrisas. La niña los escucha, está asustada

…..

Madre habla con Juan sin saberlo nadie

…..

Episodio de la varicela y viaje a la playa de la niña con Juan

…..

La niña no se fía y pasa un viaje horroroso hasta la playa. Recuerda las palabras de su madre con respecto a los hombres y las cosas que le pueden hacer, principalmente toqueteos

…..

Madre come con niña, porque últimamente ha perdido el apetito y se está quedando muy delgada

……

Escena de la entrada de Juan en casa, sabiendo que la niña va a estar sola un par de horas.




         Su madre se ha ido dos horas a limpiar a una casa como cada Viernes

       Juan sabe de otras veces, que la niña va a estar sola. Entra en la casa y a ella le asusta su mirada. Él mueve las manos rápidamente cerca de la bragueta del pantalón, ha cogido  algo que no acaba de ver, parece una longaniza de las que hay en el pueblo secándose colgadas cara al cierzo, como dice su abuela. 

Se abalanza hacia ella abriendo la puerta de par en par, dando un golpe en la pared, pero ella, al intentar cerrarla, no puede, lo interrumpe un pie de él en medio. 

Con todas sus fuerzas le da un pisotón y Juan retrocede el pie. Ella aprovecha para cerrar la puerta, pero calibra mal, empuja por la parte del cristal y se rompe en pedazos. No ha calculado bien y en vez de empujar el marco de madera ha metido la mano, rompiéndolo. Uno de los cristales al caer le ha hecho un corte en la muñeca, de parte a parte.

Él pensando que alguien ha podido oir el ruido, se asusta y mira a su alrededor. Ella simplemente está con la boca abierta y los ojos idos, el susto no la deja hablar. Se queda mirando el cristal roto, la mano de la niña que ha empezado a sangrar, da media vuelta y corre hacia la calle


Al momento entra el padre en escena, ha oído el ruido del cristal roto. Mira a su hija. Después la puerta por donde ha salido corriendo Juan.

Lo ha visto correr y no ha entendido nada, tenía que haberle parado

Le pregunta a la niña

- ¿qué ha pasado?

-Nada, que me he asustado al entrar Juan con eso en la mano y cómo me miraba

-¿Qué llevaba?

-Una longaniza

-¿Te ha hecho algo?

Las manos del padre se dirigen al cajón de la mesa camilla que hay en medio de la habitación. Allí se guardan los cubiertos.


Rebusca un poco entre ellos y saca un cuchillo enorme

Se pone a gritar fuerte

Me asusto y llorando digo

-Papá no ha pasado nada, no me ha tocada, de verdad


El padre sale detrás de Juan con el cuchillo en la mano


-Te voy a matar, esto a mí no se me hace.

-¡Hijo de puta! Yo confiaba en ti 

-¿Por qué lo has hecho?


La niña sale detrás de él, diciendo


-¡Vuelve!

-No vayas detrás de él.


Teme que se enzarcen en una pelea y salga perjudicado su padre. Lo ha visto en algunas películas que el cuchillo en la pelea se vuelve contra el bueno a veces. No los alcanza

Le cuesta respirar

Rompe a llorar de impotencia y vuelve hacia la casa, aunque solo llega al portal, hay un goteo de sangre que se escurre por su dedo corazón a lo largo de la calle


La niña se va desangrando poco a poco, susurra, sin que nadie la oiga, que el padre vuelva y que no se pegue con Juan, porque Juan no la ha llegado a tocar.


Ya en la puerta de casa se queda de pie

-Papá, ven me estoy mareando.


Arrima a la pared su espalda y poco a poco sus piernas flaquean y el cuerpo se va escurriendo. Se queda sentada en el suelo


Mira la sangre que sale de su muñeca, hace un intento de chupársela como tantas veces ha hecho al golpearse o hacerse un corte. Al final lo consigue, es un sabor distinto a otros, tibio, conocido, le sangra la nariz muchas veces.

La mano resbala hasta el suelo y la sangre va fluyendo, manchando las losas de la acera, abriéndose camino.


-¡Mamá!... ¡Mamá!


-¿dónde estás? 


-Ven… ¡Aúpame!, dile al papá que …




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