La menopausia me hubiera preocupado seriamente, si no fuera, porque a la vez que irrumpieron en mi vida las ráfagas de sofocos nocturnos, descubrí un super poder mágico gracias al que, con cinco minutos al día, conseguía tener una cara radiante y una salud de hierro.
En mi contínuo afán por buscar aficiones gratuitas, - las que supuestamente dan la verdadera felicidad, ¡la vida me brindó la más divertida! La perfecta para no tener que invertir en estética, la escandalosa cifra del treinta por ciento de mi sueldo, que arrojaban las estadísticas que tenían que gastar las mujeres a partir de los 55, para seguir estando en el mercado.
Así, me regodeaba en comidas y cenas con conocidas y amigas que iban pinchadas de bótox hasta las entrañas, de seguir las consignas de la naturaleza, y utilizar métodos no invasivos para conservar la piel de mi cara, tersa y luminosa y el cuerpo de una treintañera. Luego, me levantaba con la excusa de ir al baño, y las escudriñaba divertida, viéndolas buscar como locas en la red, los cirujanos plásticos más vanguardistas de la ciudad, tratando de dar con algún tratamiento nuevo que arrojara luz a mi secreto. Mientras, iban y venían, equipadas a la última, de clases de yoga, meditación, mindfulness, reiki y todas las opciones que ofrece el mercado y con las que se frotan las manos unos cuantos, gracias a las féminas de esta edad.
Sin que se enteren, solo a ustedes se lo cuento. Por las noches, le susurro al oído a mi marido, buscando el encuentro íntimo del día, y cuando lo consigo…upss…paro el tiempo cinco minutos, consiguiendo multiplicar por cinco también los conocidos efectos del ¡orgasmo!, que como bien saben, aumenta la circulación sanguínea, bombea el oxígeno hacia la piel, haciendo que gane brillo, libera toxinas, alarga la esperanza de vida, fortalece el sistema inmune y la salud cardiovascular y cerebral. ¡A ver cuando me dura el poder!
En mi contínuo afán por buscar aficiones gratuitas, - las que supuestamente dan la verdadera felicidad, ¡la vida me brindó la más divertida! La perfecta para no tener que invertir en estética, la escandalosa cifra del treinta por ciento de mi sueldo, que arrojaban las estadísticas que tenían que gastar las mujeres a partir de los 55, para seguir estando en el mercado.
Así, me regodeaba en comidas y cenas con conocidas y amigas que iban pinchadas de bótox hasta las entrañas, de seguir las consignas de la naturaleza, y utilizar métodos no invasivos para conservar la piel de mi cara, tersa y luminosa y el cuerpo de una treintañera. Luego, me levantaba con la excusa de ir al baño, y las escudriñaba divertida, viéndolas buscar como locas en la red, los cirujanos plásticos más vanguardistas de la ciudad, tratando de dar con algún tratamiento nuevo que arrojara luz a mi secreto. Mientras, iban y venían, equipadas a la última, de clases de yoga, meditación, mindfulness, reiki y todas las opciones que ofrece el mercado y con las que se frotan las manos unos cuantos, gracias a las féminas de esta edad.
Sin que se enteren, solo a ustedes se lo cuento. Por las noches, le susurro al oído a mi marido, buscando el encuentro íntimo del día, y cuando lo consigo…upss…paro el tiempo cinco minutos, consiguiendo multiplicar por cinco también los conocidos efectos del ¡orgasmo!, que como bien saben, aumenta la circulación sanguínea, bombea el oxígeno hacia la piel, haciendo que gane brillo, libera toxinas, alarga la esperanza de vida, fortalece el sistema inmune y la salud cardiovascular y cerebral. ¡A ver cuando me dura el poder!
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