viernes, 15 de noviembre de 2019

Argumento de "La corrupción del héroe"


Buenas tardes, el jueves en clase, a tenor de la conversación que estábamos teniendo tuve otra idea para la corrupción (como la tengo más hilada quizá escriba esta en vez del muerto, pero no es seguro, todo depende de si consigo completar la historia del muerto a tiempo) ya digo me gusta más la del muerto pero me está costando ponerle argumento:

Argumento de "La corrupción del héroe" (perdón por los cambios de persona, de perspectiva, de todo, no está repasado, sólo es el argumento) :)

     Adam es un corredor popular, no famoso, sino no profesional. Siempre ha querido ser el héroe de una historia como los tipos que salen de vez en cuando por la tele por haber salvado un bebé de las llamas o una anciana de un atraco. Por eso, por si llega el día, entrena duro. Cada día entre semana sale a correr con sus auriculares por carreteras y caminos de huerta en las afueras de su pueblo sobre las cinco o seis de la tarde para calentar antes de hacerse una sesión de pesas. En el gimnasio hay una chica que lo vuelve loco. Alta, morena de pelo rizado y ojos verdes que no le hace ni puñetero caso. Por pura casualidad un día corriendo se cruza con ella y, como se conocen de vista, ella que corre a más velocidad que él, se gira, le sonríe y le saluda con la mano de pasada. En el gimnasio la indiferencia de la chica hacia él sigue intacta. A partir de ese día Adam recorre el mismo trayecto y trata de pasar por ese mismo punto exacto cada día para ver si esto le vuelve a suceder.
     Una tarde, a mitad de recorrido, de reojo ve movimiento entre los naranjos. Se detiene, pausa la música y escucha. Llama su atención el siseo de dos voces que susurran entre los naranjos y que no parecen haberse percatado de su presencia. Son dos hombres de eso está seguro, no quieren que nadie les oiga y arrastran algo, pero no entiende lo que dicen ni puede ver lo que hacen porque los naranjos son tupidos y el campo no está labrado y las malas hierbas son altas y lo tapan todo, aunque se agache a mirar por debajo.
    De repente el característico tintineo de una hebilla desabrochándose y las claras risitas de los dos tipos por lo bajini, le hacen suponer que una escena de naturaleza sexual va a producirse a pocos metros de él. Pensando en captar la escena con el móvil y publicarla en redes para lograr que su vídeo sea viral se agazapa por las acequias secas para lograr ángulo de visión. Las acequias son anchas, profundas y están secas por lo que le permitirán acercarse en cuclillas y en sigilo hasta un punto lo bastante cerca del suceso como para grabarlo. Escucha un quejido o un jadeo no lo tiene claro. Acelera su sigiloso e incómodo caminar porque cree que ya han empezado. Por fin alcanzará el punto deseado, pero no logrará grabar nada.
     Antes de grabar asoma un poco la cabeza para asegurarse de que no hay nadie mirando en su dirección y lo que descubrirá será algo distinto de lo que espera. Nadie está mirando en su dirección así que decide asomarse un poco más. Verá una furgoneta aparcada junto al campo y a sus dos dueños, dos tipejos que ahora están medio desnudos, tumbados sobre el cuerpo semidesnudo de una chica.
     Puede observar que los movimientos de ella se parecen más a los de un muñeco de trapo que a los de una persona. Al principio duda de si es un acto consentido o es otra cosa. Entonces de nuevo escucha el gemido anterior. No es un gemido, es un quejido. La chica se queja de forma algo extraña. Desde donde él está apenas puede ver la espalda al tipo que está cabalgando sobre ella con los pantalones por los tobillos. La chica lleva zapatillas de deporte, puede ver sus suelas porque aún las lleva puestas. Ella está demasiado quieta. Las piernas flácidas, los brazos no hacen el más mínimo movimiento, apenas nadie jadea, gime o dicen nada. No es algo normal.
     Se asoma más. Quiere verle la cara a la chica. Descubrirá horrorizado que la chica en cuestión es la de su gimnasio. Tiene la mirada perdida, vacía, ida. Por un segundo ella cruza una mirada con él, pero nada. Le mira sin mirarle. Su cara no refleja nada. Adam vuelve a agacharse. No ha sido descubierto. El tipo está concentrado en su faena y de espaldas y no se percata de nada. Teóricamente debería haber otro más pero no está a la vista. Adam decide inequívocamente que está presenciando una violación en toda regla. La chica está drogada, no le cabe duda.  Su actitud y su expresión lo revelan con más claridad que si lo llevara escrito en un cartel. Se pregunta si será ese el efecto de lo que en los medios llaman burundanga.
     Como siempre ha querido ser el héroe y tras unos instantes de titubeo, se decide a actuar. Está todavía caliente por el ejercicio y no demasiado cansado. El violador es grande pero no parece estar en buena forma. Adam sí lo está.
     Un ladrillo suelto en la propia acequia donde se encuentra escondido será su arma heroica. Con sigilo, sale de su escondrijo. Es imposible acercarse en silencio. LA maleza cubre todo el suelo excepto en la acequia de obra donde él está pisando en ese momento. Así que decide usar el factor sorpresa en su favor. 3,2,1, sale disparado con el ladrillo en la mano en dirección al violador. El tipo tarda unos segundos en percatarse de lo que sucede y cuando quiere girarse a mirar el origen del sonido de hojas crujiendo a su espalda, ya tiene a Adam encima.
     Es una lucha entre héroe y villano muy corta. El violador está de espaldas a él, boca abajo y con ambas manos apoyadas en el suelo. Al tratar de girarse sin dejar lo que está haciendo, brinda su sien derecha en bandeja a Izan que se le acerca a la carrera. Como un caballero de exoesqueleto metálico en su montura Izan hace una pasada a la carrera blandiendo su ladrillo macizo de acequia impactando de lleno en la sien descubierta de su indefenso adversario. CROC. 
     El sonido de la cabeza de un hombre descalabrándose contra una piedra le parece a Adam que se parece mucho al de un martillo golpeando un coco verde. La reacción del agredido no es como en las pelis de superhéroes. Tras el tremendo impacto, vienen unos segundos de escalofriante silencio absoluto seguido de un grito con salivazos que expelen una mezcla de desconcierto y dolor desgarrador. Adam escucha no demasiado lejos una voz que menciona un nombre en tono interrogativo y pasos. Es el otro cabrón. El compañero del violador que hora sólo se revuelca por el suelo sujetándose la cabeza por sus lados con ambas manos, sangrando como un cerdo degollado e incapaz de abrir los ojos. Por lo menos ya no está sobre la chica. Observa que su rostro está rojo como la piel del demonio. Adam no tiene demasiado tiempo, los pasos y las voces del otro suenan ya muy cerca así que sin pensárselo dos veces decide que es mejor enfrentarse a uno sólo, aunque esté intacto que a dos malhechores, aunque uno esté descalabrado. Así que da media vuelta y remata la faena.
     De nuevo le estampa otro ladrillado al desgraciado que está en el suelo. Esta vez es un golpe certero. CROCR. Suena algo distinto del anterior como un huevo que cae al suelo y no acaba de romperse. Cae inconsciente. Justo en ese momento el otro desgraciado asoma el morro entre los naranjos justo enfrente de Adam a unos dos metros. Observa la escena. Su compinche yace panza arriba con los ojos semiabiertos. Su cara está completamente inundada de ríos de sangre que aún le manan a borbotones de la cabeza y que empiezan a formar un charco en el suelo de tierra reseca. Un tipo, joven y que parece en forma le observa con los dientes apretados y una expresión de nervios y rabia entremezclada que denotan un cierto descontrol sobre sí mismo.
   Sin darle tiempo a Adam a reaccionar da media vuelta y huye a toda velocidad. Adam le persigue entre los naranjos. El otro es algo más joven y se mueve deprisa. Pero está frío. Trata de evitar a Adam girando entre los naranjos. Pero Adama le gana terreno. A ambos las ramas les golpean y les rozan la cara y los brazos arañándoles de vez en cuando. Tras una intensa persecución que a Adam se le hizo bastante larga el hombre, con Adam casi echándole el aliento en la nuca, comete un error y deja de zigzaguear entre los árboles. Intenta huir entre dos hileras de árboles en línea recta. Adam se detiene y realiza un lanzamiento. BMMM. Diana. El encontronazo del proyectil con los órganos internos del cobarde a la carrera suena como si una paloma en pleno vuelo se estrellara contra una ventana de cristal blindado. Un lanzamiento perfecto que impacta violentamente en la espalda del huidizo malhechor a escasos centímetros de su nuca y lo derriba. Este no se queja. Se queda quieto en el suelo boqueando como si hubiera perdido la respiración. 
     Adam supone que es eso lo que le sucede exactamente. A causa del golpe o los nervios o todo a la vez no consigue respirar y por eso se queda quieto. No piensa averiguarlo. La rabia le corroe el alma. Toma impulso y salta. Mientras se eleva encoge las piernas y las estira rápidamente para caer de lleno con todo su peso y la fuerza atronadora de sus musculadas piernas sobre la zona lumbar de la espalda del indefenso boqueador. Cae sobre su presa con una rabia asesina, descerebrada y visceral. Cae como caería un dragón lleno de ira sobre un ejército de caballeros medievales que ataquen a su cría.
     El golpe es definitivo. La víctima se queda definitivamente sin respiración al tiempo que un dolor atenazante de martillea los riñones. Necesita gritar, pero no puede porque es incapaz de llenar de aire sus pulmones. Adam, ajeno al sufrimiento que acaba de provocar se le echa encima sin compasión y le rodea el cuello con un brazo tirando de él hacia atrás con brusquedad, forzando la espina dorsal de su adversario para evitar que se pueda defender.
      La contienda dura poco. Un espasmo seguido de una relajación total indica a Adam que su víctima está muerta o inconsciente. Está tan fuera de sí que ni le importa. Por si acaso aguanta la presa unos segundos más. Ve el ladrillo al alcance de su mano así que cuando al fin le suelta, se pone en pie rápidamente y lo alcanza por si lo tiene que volver a utilizar.
    No se lo puede creer ¿ha ganado? ¿Es el héroe? SÍ, LO ES. Mientras se mantiene en pie en el mismo sitio sin moverse y casi sin cambiar la expresión de su cara, Adam se siente eufórico. La sensación de poder es sublime. Su victoria es total. Dos tiparracos que se lo merecen yacen tirados en el suelo completamente a su merced. Entonces le viene a la mente lo que acaba de hacer. ¿Los ha matado? Lo comprueba y NO. ambos viven, pero están bastante jodidos. Tienen lo que se merecen y ha salvado a la chica. La de sus sueños, al menos la de los actuales.
     LA CHICA. Por un instante la había olvidado.  Vuelve junto a ella. Está exactamente en la misma posición en la que la dejó. Inmóvil y con los ojos cerrados. Muy cerrados como si la luz del día la molestase. Mueve ligeramente la cabeza y abre y cierra la boca como si la tuviera seca. Su ropa de deporte está hecha un gurruño tirada junto a ella. Adam tratará de hablar con ella para tranquilizarla mientras recoge su ropa con intención de vestirla. Le pregunta su nombre, se llama Sara. Está completamente ida, eso está claro.
     Adam le pide que se incorpore y ella lo hace lentamente manteniendo los ojos cerrados.  Habla despacio y sus movimientos son lentos sin embargo su cara está colorada y suda un poco como si estuviera realizando un gran esfuerzo. Adam no puede evitar admirar el magnífico cuerpo de Sara que permanece sentada delante de él completamente desnuda a excepción de las zapatillas de correr.
     Resumo: uno de los tipos se moverá de pronto. Solo es un espasmo. Adam deja a la chica un instante para arrastrar y juntar a ambos en un mismo sitio cerca de donde ellos están para que estén a la vista por si tiene que volver a "dormirlos". En ese ínterin se dará cuenta de que la chica no hace nada. No parece alterada ni nerviosa. Es increíble para haber pasado por una violación. Aparte comprobará que parece obedecer sin rechistar todas las órdenes que se le dan.  está indefensa y es tan guapa. Entre la euforia de la victoria y el hecho de tener una chica desnuda y sumisa a su completa disposición en medio de la nada Adam, se excitará. Un roce accidental con uno de los pechos de Sara será el comienzo de algo imprevisto para él. Empezará a hacer pruebas, primero tocará, luego se regocijará. Luego le dará órdenes que Sara cumplirá. Le ordenará que camine desnuda hasta el campo de al lado y se vuelva a tumbar. El caso es que él también acabará provechando la oportunidad y utilizando el condón que el primer descalabrado aún lleva colocado dándole la vuelta para que el material genético que quede en Sara sea el del tipejo, violará sin escrúpulos a la chica. Héroe corrupto.
Llevará de nuevo a Sara al sitio donde la habían violado los otros dos. Recogerá las pruebas como el ladrillo, se llevará el condón, cambiará de nuevo los cuerpos de sitio, removerá un poco todo y se llevará la ropa de la chica que él ha tocado para no dejar pistas adicionales. Pensando que cuando los encuentren la policía suponga que los tipos discutirían por cualquier motivo y tras violar a la chica se mataron a golpes. Le basta con que no consigan relacionarlo a él con la escena del crimen.
Con todo controlado se marchará sin más. Correrá unos kilómetros cargado con las pruebas perdiéndose por los huertos y lanzará el ladrillo dentro de una acequia enorme que siempre lleva agua para que borre cualquier rastro genético. Nadie le ve hacerlo. La ropa de la chica ocupa poco espacio así que oculto entre naranjos, sencillamente se la pone bajo la suya hasta que llega a casa. La hará trocitos y con meticulosa paciencia tirará todos los trozos por el váter. La misma suerte correrá el condón.
Después se debe ocupar de su ropa. El objetivo es ducharse varias veces con lejía y jabón, destruir su propia ropa y largarse con el coche a ir dejando trozos de sus propias prendas por los contenedores de los pueblos de alrededor. Cree que lo tiene todo controlado.
Pero justo antes de desnudarse para empezar el proceso descubre que no ha vuelto a ponerse los auriculares con los que suele correr. Estaba tan nervioso que se olvidó de ellos por completo pensando solo en deshacerse del ladrillo y las ropas de Sara que por primera vez en su vida había corrido sin música. Al quitarse el brazalete de neopreno y echar un vistazo al cable de los auriculares observará que uno de ellos está arrancado. No está.
Los nervios se lo comen. Trata de hacer memoria.
Piensa: ¿Cuándo he perdido el auricular? Corriendo por los naranjos tal vez tras el segundo cabrón. Quizá una de las remas que me arañaron me lo arrancó. Eso no estaría mal porque si lo localizaban lo encontrarían tirado ahí en el suelo, puede ser de cualquiera y mis datos genéticos no figuran en ninguna base policial.
Pero no. Recuerda perfectamente estar cabalgando sobre Sara y ver los dos auriculares colgando del cuello de su camiseta balanceándose al son de sus empujones. Los vio, estaba seguro porque estaba completamente embelesado mirando el vaivén de los pechos de la chica y de vez en cuando, esos malditos auriculares aparecían y desparecían, del campo de visión. Aparecían y desaparecían, aparecían y desparecían.
Entonces algo le viene a la mente. Un recuerdo terrible. Un flas que le atiza en el cerebro y le provoca al mismo tiempo un dolor de estómago como si le hubieran pegado un tiro. ¿Un tirón? ¿En medio del acto la chica le dio un tirón? ¡SÍ! ¡Creía que le había estirado de la camiseta!
Envuelta en una especie de manta metálica y sentada en la parte trasera de la ambulancia Sara le entrega al inspector lo único que tiene de su agresor. Lleva en la mano un auricular arrancado de su cable. No recuerda bien cómo lo hizo, pero el muy cabrón debía estar tan ocupado violándola que ni se enteró porque si no se lo habría quitado. Son auriculares deportivos, el tipo debe ser corredor o ciclista por ahí no pasa nadie más y está segura de que junto a su propio ADN encontrarán sudor y ADN del agresor.
No sabe nada del charco de sangre que había junto a ella ni qué fue de sus ropas. Sí, recuerda que tenía mucha sed y que dos hombres muy amables que trabajaban en uno de los campos abrieron la parte de atrás de una furgoneta y le ofrecieron una botella de agua fresca de una nevera portátil. Le preguntaron a gritos si quería agua al verla pasar por allí. Ahora se sentía estúpida por fiarse. Pero hacía un calor tremendo, tenía mucha sed y la botella estaba intacta. Ellos parecían inofensivos y amables. Ella casi nunca sigue esa ruta era imposible que la estuvieran esperando todo parecía pura casualidad. Se confió. Siguió corriendo y se bebió el agua casi de un trago unos metros más adelante. Después sólo sabe que estaba corriendo por la huerta y que de repente estaba tirada, desnuda ahí en el suelo, en medio del campo de naranjos.
Está segura de que la han violado porque no todo son lagunas. Sabe que ha tenido al tipo dos veces encima de ella por lo menos, que sentía que le molestaba mucho la luz diurna. Que no la golpearon pero que le taparon la cara con su camiseta. No sabe quién ha sido, pero está segura de que a uno lo conoce de algo. No era un desconocido.
Una vez hace semanas vio a un chico de su gimnasio una vez corriendo cerca de allí. Lo recuerda porque le saludó, quizá alguna vez haya vuelto a pasar por aquí cerca y haya visto a alguien sospechoso, quizá pueda ayudar. Le dice al inspector.

Cisnerius.

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