lunes, 11 de noviembre de 2019


EL DIA DEL SORTEO DE NAVIDAD
Aquel sábado fue mi Paqui la que se empeñó en llevarme a la feria alternativa en el cauce del rio. Decía que me vendría bien, que llevaba demasiado tiempo en casa sin hacer nada. Allí se le ocurrió ir a una mujer que leía las manos ¡Vaya chorrada! No contento con ello hizo que me leyera la mano a mí. La mujer tenia pinta de gitana pero al oirla hablar me di cuenta que no lo era. Me dijo que mi vida iba a cambiar en breve con un golpe de fortuna. Eso sucedería cuando parase el tiempo durante 5 minutos y se me quedó mirando con cara de asombro. Pensé "Esta tía se ha fumado algo no muy legal" y me levanté.
Por la noche no podía dormir. Las palabras de aquella loca se repetían una y otra vez en mi mente. Empecé a pensar lo que podría hacer si parase el tiempo durante 5 minutos. Le dí muchas vueltas y acabé trazando un plan pero me faltaban datos.
A la mañana siguiente arrastre a Paqui hasta el puesto de la quiromante. En la espera a que llegasé tuve que soportar muchas preguntas de mi mujer  para las que todavía no tenía respuesta. En cuanto la vi llegar  casi la asalto. Tras una pequeña espera empecé a preguntarle con las palmas de mis manos ante ella:
-¿Cuando podré parar el tiempo?
- En breve. El momento más propicio es antes de Navidad.
-Necesito saber el momento exacto.
-No existe el momento exacto. Tendrás el poder de parar el tiempo durante 5 minutos cuando tú quieras. En tus manos no puedo ver el momento.
- ¿Cómo podré hacerlo?
-Con tu deseo. Pidiéndolo con toda tu intensidad. Tú podrás hacerlo.

Le di las gracias, le pagué el doble de su tarifa y me fui convencido que todo iba a funcionar. Paqui volvió a las preguntas y le conté lo que hablé con la quiromante. Me preguntó lo que iba a hacer pero no quise decirle ni el cuándo ni el qué.
En los días siguientes estuve muy activo e ilusionado con mis preparativos. Paqui estaba enfadada con mis tontos gastos de vestuario ya que no teníamos casi dinero. Llevaba más de dos años sin trabajo. Desde 2008 cuando cambiaron los propietarios del banco. Decidí actuar el jueves. El día del sorteo de la lotería de Navidad.
Cuando llevé a Paqui al trabajo se extrañó que me levantara para llevarla. Me encargó que mirase los premios y comprobase si nos había tocado algo cuando paramos ante la casa a donde iba a limpiar. Se bajó del coche algo mosqueada con la sonrisa que puse. No encendí la radio en toda la mañana. Regresé a casa y en el baño empecé por rasurarme el cabello del cuello. Luego me afeité bien y me coloqué la peluca y barba postizas que me había comprado. Eran bien negras y diferentes de mi cabello castaño. Me vestí estrenando mis últimas compras abrigo incluido.
Estaba irreconocible. Parecía un hipster y más joven de lo que soy. Cuando comprobé que era el momento adecuado me fuí con el coche al aparcamiento del Corte Inglés de Pintor Sorolla. Pendiente de mi nuevo reloj con alarma y cronómetro me fui al banco. Nadie me reconoció y eso que seguían trabajando antiguos compañeros. Fui a la máquina y tomé mi turno de donde sabía que tardarían más en atender: Me en la silla más alejada. La conocía bien. Nadie la había cambiado de sitio. Era el único punto que no cubrían las cámaras de seguridad del inmenso hall. Esperé a que llegara el furgón. En época navideña llegaba todos los días cerca de las 13 horas. Entraron a las 12:52 cargados de dinero y con la escolta armada habitual. Miré la hora y conté dos minutos exactos. En ese momento cerré los puños y los ojos y me dije internamente ¡AHORA!
Se hizo un enorme silencio. Abrí los ojos y vi a todos quietos como estatuas. Corri alocadamente escaleras abajo sabía donde estaba la enorme caja fuerte y la encontré abierta con parte de las sacas ya dentro. 15 segundos. Saqué de debajo del abrigo la enorme bolsa que había comprado en la tienda del chino de debajo de casa y la abrí. 30 segundos. Empece a llenarla con fajos de billetes. Solo de 50 y de 20, agraciadamente casi todos eran así. Un minuto 45 segundos. Me fui al fondo de la caja fuerte y abrí la segunda compuerta. Comprobé que las reservas de divisas extranjeras seguían estando donde siempre. 2 minutos 45 segundos. Salí fuera de la caja fuerte esquivando a los de seguridad y al director. 3 minutos 34 segundos.
Esta vez no corrí. Subir aquellas escaleras con tanto peso era muy costoso y además no podía arrastrar la bolsa. Ante todo la bolsa no podía romperse. Llegué a la puerta del banco. 4 minutos 46 segundos. Salí hacia la calle Juan de Austria. Busqué un grupo numeroso de personas que caminaran en dirección al Corte Inglés y me puse delante de ellos. De repente volvió el ruido y casí me arrolla un joven que volvió a caminar.
Pude oir perfectamente como me decía "mira por donde andas gilipollas". Seguí lo más rápido que pude y bajé al aparcamiento. Me fui directo al coche a dejar mi carga en el maletero. Me senté en el coche me quite abrigo barba y peluca. Me cambié de pantalones y calzado y luego fui a pagar a la maquina procurando que se me viera bien cuando pasé delante de la camara de seguridad.
Cuando subí a casa con mi preciada carga la abrí y me puse a contar. No estaba ante la justa indemnización por despido que no tuve, ni ante el premio gordo de la lotería. Aquello era mi pensión de jubilación y sólo tenía 45 años. Pensé en mi Paqui y en el brindis por el Año Nuevo. El proximo año iba a ser muy -pero que muy- feliz.

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